Las cuatro piedras
Shorem, el cual seguía aún asombrado por la figura de Radius, no se percataba de que Xing le llamaba.
– ¡Shorem!
– ¿Ah…? ¿Qué pasa Xing?
– ¡Ayúdame a hacer entrar a los demás, anda!
Kamuy se había quedado atascado en el ojo de la cerradura, y no dejaba pasar a Obscurus y Crystal al interior de la sala. Al final, Shorem y Xing lograron hacer entrar a Kamuy con la ayuda que Obscurus daba desde el otro lado, en pocas palabras, Obscurus le estaba empujando desde atrás.
– ¿Estás bien Kamuy? –Preguntó Shorem.
–Sí, estoy bien, solo me duelen un poco las alas, nada más.
Seguidamente entró Obscurus, y detrás de él pasó Crystal.
– ¿Será posible?, qué estrecha era esa cerradura.
– ¡Ay, qué daño! –Se quejaba Crystal.
–Dame la mano Crystal. –Dijo Shorem.
Cuando Crystal agarró la mano de Shorem, esta se quedó algo sonrojada.
–Shorem, ¿has visto? –Preguntó Xing. –Ahí está el gran dios Radius, guardián de la aldea y señor de la luz.
–Perdone Xing, ¿pero podría devolvernos a nuestra forma original? –preguntó Kamuy.
–Por supuesto Kamuy, ejem, “Sollemnis Cambiare Metamórphosis”.
En un abrir y cerrar de ojos, todos recuperaron su forma humana.
Cuando Xing recuperó su forma humana, este fue hacia el pedestal de la base de la estatua de Radius, el cual tenía unas extrañas inscripciones en ella.
– ¿Qué haces Xing? –Preguntó Shorem.
–Solo estoy intentando traducir estas antiguas escrituras que hay a los pies de la estatua. –Respondía Xing.
Xing estaba totalmente inmerso en descifrar aquellas escrituras, y nuestros héroes en contemplar la figura de Radius.
–Es enorme. –Decía Crystal muy asombrada.
–Es algo fabuloso. –Añadía Kamuy.
Xing, seguía toqueteando aquel enorme pedestal en el cual estaban apoyadas las piernas de Radius. Estaba tan ensimismado por aquella escritura que apenas prestaba atención a lo que le dijeran, seguidamente gritó:
– ¡Eureka!, ¡lo he descifrado!
En eso, Kamuy y Shorem corrieron a cerrarle la boca a Xing para que no les oyeran los sacerdotes del otro lado de la puerta.
– ¡Eso Xing, tu sigue gritando, que aún no te han oído! –Decía Kamuy.
–Perdón chicos, creo que me he emocionado un poco. –Respondía Xing.
– ¿Qué ha descubierto Xing? –Preguntaba Crystal
–Estas escrituras cuentan una batalla de hace miles de años.
Xing contó la historia de Drangstrumg, la cual ninguno de nuestros héroes había escuchado en toda su vida.
–Es una historia tan asombrosa que cuesta poder creérsela. –Decía Obscurus.
– ¿Pero dónde están ahora las cuatro piedras elementales? –Preguntaba Crystal.
–No estoy muy seguro, las descripciones no cuentan donde están las cuatro piedras. –Respondía Xing. –Sólo dice que los cuatro seres las escondieron en algún lugar en las montañas, la cuestión es… ¿en qué montañas?
Shorem, se quedó pensando, lo mismo que Kamuy, Obscurus y Crystal; pero a ninguno se le ocurría en dónde podían estar escondidas. Entonces, Xing decidió estudiar más detenidamente aquel mural para averiguar algo más. Kamuy seguía intentando hallar algo distinto, mientras tanto, Obscurus y Crystal se quedaron en la puerta haciendo guardia por si entraban los sacerdotes.
–Si tuviéramos algo más de tiempo, para investigar algo más… –Decía Shorem.
Al sentarse este a un borde del pedestal de Radius, este cedió, y, a consecuencia de ello, Shorem calló al suelo de golpe.
– ¡Ay!, jo, qué daño me he hecho. –Decía Shorem quejándose del golpe.
– ¡¿Estás bien Shorem?! –Preguntó Kamuy.
–Sí, estoy bien, solo me he hecho un poco de daño, nada más. –Respondía Shorem.
Shorem se dio la vuelta hacia el pedestal, y vio como si fuera la esquina de un cofre que estaba debajo de ese sitio.
–Obscurus, ven un momento por favor. –Dijo Shorem.
– ¿Qué quieres? –Preguntó Obscurus.
– ¿Me podrías dejar un par de segundos tu guadaña? –Le preguntó Shorem a Obscurus.
–Claro, pero… ¿para qué? –Volvió a preguntar Obscurus.
–Tú déjamela y verás. –Le dijo en rotundo.
Obscurus le dio la guadaña a Shorem, y este empezó a golpear con saña la roca, la cual hacía un gran ruido.
– ¡¿Qué haces idiota?! –Gritaba Obscurus.
A consecuencia, la puerta empezó a ceder, entonces Kamuy y Crystal hicieron lo posible para que no la abriesen.
– ¡Kamuy, intenta que no la abran! –Gritaba Crystal.
– ¡No prometo nada Crystal! –Le respondía Kamuy.
Mientras tanto, Shorem ya había terminado de destrozar el pedestal, dejando al descubierto lo que parecía una especie de cofre. Shorem, lo agarró del asa y tiró de ella hasta sacar esa cosa de debajo del pedestal. Efectivamente, aquello era nada más y nada menos que un cofre, el cual era viejo y polvoriento. Xing, se levantó para observar el hallazgo que Shorem había realizado, y misteriosamente, las puertas de la sala dejaron de ceder.
–Muchas gracias por dejármela Obscurus. –Decía Shorem.
– ¡¿Eres un inconsciente?! –Gritaba Obscurus muy enfadado. – ¡¿Cómo se te ocurre hacer semejante barbaridad?!
Shorem no hacía ningún caso a lo que Obscurus le decía, solo le interesaba lo que había dentro del cofre, así que se acercó para intentar abrirlo, pero esta estaba cerrada a cal y canto.
–Déjame a mí, Shorem. –Decía Xing.
Entonces, Xing se volvió a remangar las mangas y pronunció una palabra distinta a la anterior.
– “Aperire Serratula”.
En ese instante, la cerradura que cerraba aquel cofre se abrió por sí sola, dando la posibilidad de poder descubrir que era lo que había en su interior.
– ¿Estáis listos chicos? –Preguntó Xing.
–Yo por lo menos estoy listo Xing. –Respondía Shorem. – ¿Y vosotros?
–También estamos listos Shorem. –Respondió Obscurus.
–Xing, cuando quieras.
–Bien, vamos allá.
Xing intentó abrir aquel cofre, pero por mucho que forcejease, este no cedía.
–Lo lamento, pero no puedo abrirla.
–Vamos a intentarlo nosotros Xing. –Decía Shorem. – ¿Vale chicos?, a la de tres.
–Vale. –Añadía Kamuy. – ¡Uno!
– ¡Dos! –Decía Crystal.
– ¡Tres! –Dijo Obscurus.
– ¡Empujad! –Finalizó Shorem.
El cofre cedió como por un capricho del destino, a consecuencia de ello, los cuatro se dieron de morros contra el suelo.
– ¿Estáis bien chicos? –Preguntó Xing en tono preocupante.
–Sí, estamos bien. –Decía Shorem mientras se ponía la mano en la cara para evitar que le doliese la nariz.
Entonces, el interior del cofre comenzó a brillar con mucha intensidad. Los cuatro chicos se acercaron preguntándose de qué se podría tratar. Se llevaron una sorpresa como una catedral al ver que en su interior se hallaban las cuatro piedras elementales, las piedras de la Tierra, del Fuego, del Aire, y del Agua, las cuales tenían grabada en su centro un símbolo de su elemento, la piedra de la Tierra poseía la imagen de una joya verde, en la del Fuego, se podía admirar la imagen de una gran llama, en la del Agua, se podía contemplar la imagen de una gota cristalizada, y en la del Aire tenía la imagen de una pluma puntiaguda azotada por el viento.
– ¡Estaban aquí todos estos años! –Exclamó Obscurus.
–Son preciosas. –Decía Crystal.
–Según las inscripciones, el que posea una de estas piedras, podrá controlar a voluntad la magia de su elemento.
– ¿En serio Xing? –Preguntaba Shorem. –Entonces cogeré la piedra de la Tierra.
–Yo cogeré la del Fuego. –Dijo Kamuy apresuradamente.
–Yo cogeré la del Aire. –Decía Obscurus entusiasmado.
–Yo me quedo con la del Agua. –Decía Crystal.
Después de escoger la piedra que querían, estas empezaron a brillar de tal manera que podría alumbrar una cueva, nuestros héroes se quedaron estupefactos al contemplar semejante brillo. De repente, de las cuatro piedra, empezó a emanar lo que parecían unos dragones; el que salió de la piedra de la Tierra, era grande y verdoso, sin alas y unas garras inmensas; de la piedra del Fuego, el dragón que apareció era enorme, largo, rojo, con unas alas inmensas y unas grandes garras; de la piedra del Aire, salió un dragón negro, y muy largo, con ojos como llamas centelleantes y solo con unas alas negras cubiertas de escamas; y de la piedra del Agua, apareció un gigantesco dragón azul, con aletas y una hermosa cola acabada en forma de sirenio.
–Guau. –Exclamó con poca fuerza Shorem. – ¡Es maravilloso!
–Qué dragones más hermosos. –Admiraba Crystal.
De repente, los cuatro dragones desaparecieron de la misma forma en la que aparecieron, en el interior de las cuatro piedras elementales.
– ¿A dónde han ido? –Preguntó Shorem.
Acto seguido, el portón de la sala empezó a ceder de nuevo, ya era demasiado tarde para que ellos pudieran escapar. Al terminarse de abrir la puerta, los sacerdotes los descubrieron con las piedras en sus manos.
– ¡Usurpadores! –Dijo uno de ellos realmente enfadado. – ¡¿Cómo osáis invadir este templo y lo qué es peor, mancillar el tesoro de la aldea?!
–No es lo que usted piensa. –Dijo Xing tratando de hacerle entrar en razón.
– ¡Como castigo, haré que os ahorquen desde el árbol más alto de la aldea para que…!
Antes de que el sacerdote pudiese terminar su frase, Xing levantó sus manos al aire y muy enfadado gritó un conjuro.
– “¡Inmunis Temper!”
Todos los sacerdotes que estaban ahí en ese momento, y los que estaban en el interior del templo se detuvieron en seco, Shorem, que nunca había visto a Xing tan enfadado, se asustó un poco a ver ese cambio de carácter tan brusco de Xing.
–Chicos, salgamos fuera del templo inmediatamente.
–De… acuerdo… Xing. –Dijo Shorem en voz temblorosa.
Los chicos, y Xing, salieron del templo de Radius y se dirigieron después a la casa de Shorem, pero su madre le esperaba enfrente de la puerta con una cara de enfado que echaba para atrás.
– ¡Shorem Edbu! –Gritó su madre. – ¡¿Se puede saber qué es lo que has estado haciendo en el templo?!
–Afril, déjale no te enfades con él. –Decía Álbur. –Él sólo quería…
– ¡Me da igual que es lo que quería, Álbur! –Gritó Afril a Álbur.
Afril, la madre de Shorem, era una mujer sencilla de pelo castaño y largo y vestía con unas vestimentas de aldeana, su marido, Sélius, el padre de Shorem, falleció siete años atrás, a causa de una enfermedad.
– ¡Nos ha puesto en peligro a nosotros y a sus amigos!, ¡¿te das cuenta de las consecuencias que eso podía llegar a suponer?! –Replicaba Afril.
–Pero… mamá yo solo iba a…
Antes de que pudiera terminar su frase, Afril mandó a Shorem a entrar en casa.
– ¡Métete dentro, ahora hablaré contigo!
Kamuy, Obscurus y Crystal se fueron a casa, y Xing montó una tienda dentro de la aldea, al lado de la casa de Shorem. Shorem, salió de la casa y se dirigió al jardín a buscar la tumba de su padre, el cual murió hacía ya siete años, y al que echaba mucho de menos.
–Le echas muchísimo de menos, ¿verdad? –Preguntaba su madre.
– ¿Eh?, sí, nunca pude conocerle a fondo. –Decía Shorem lleno de melancolía.
–Pero nadie puede conocer a nadie a fondo sin antes haberse conocido a uno mismo, y ya es bastante difícil conocerse a uno mismo.
–Ya, pero ojala nunca se hubiese puesto enfermo, me hubiera gustado haber pasado mucho más tiempo con él.
Afril, veía en Shorem el mismo espíritu que ya veía en Sélius antes de morir.
–Te pareces más a tu padre de lo que crees.
– ¿Por qué lo dices mamá?
–Él también soñaba con poder embarcarse en una aventura, en lugar de estar trabajando de herrero, además…
Afril, se quedó callada en seco.
–“Además” ¿qué? –Decía Shorem, quedándose con las ganas.
–Nada, olvídalo –Decía su madre.
Shorem, pensaba que su madre le ocultaba algo, la cuestión es… ¿qué cosa es la que le oculta su madre…?