7 de marzo de 2012 El 6:58:00 AM Frikeado por Lightdragon 0 Comments


El reino submarino.

         Tras la llegada a Shaulon, los chicos se las tuvieron que ver con unos problemillas sin importancia, allí, conocieron a Ramsés, el cual conoció a Xing hará menos de un año, también conocieron a Krosa, un centauro del bosque de Treestone, y a Yamba, un hulcus del mar de Piscis.

            Tras las presentaciones, los ocho, por que Rodash; un nomo que trabajaba en “el pequeño sátiro”, decidió unirse a ellos después de hablar con Edu, emprendieron la marcha hacia el mar de Piscis, el hogar de Yamba. Ramsés se transformó en dragón e inició el viaje volando, y Krosa lo inició por tierra con Shorem en sus brazos y Rodash en el zurrón de este. Más tarde, en aquel misterioso bosque se les unieron Sarah, una guerrera procedente de las llanuras de Dagarrosa y Kassandra, una vieja amiga de Obscurus que daba por muerta.

            Shorem, el cual seguía con fiebre, se mareaba ligeramente mientras tiritaba en los brazos de Krosa.
– ¡Aguantad joven guerrero! –Decía Krosa mientras cabalgaba.

            Mientras en el cielo, Crystal se preocupaba por la salud de Shorem.
– ¿¡Queda mucho para llegar Ramsés, Yamba?! –Les preguntó Crystal a ambos.
– ¡No, ya estamos llegando! –Le respondió Yamba.

            Ramsés y Obscurus continuaron volando un par de minutos, al igual que Krosa corría tras ellos. Finalmente, llegaron a lo que parecía ser una especie de laguna enorme que abarcaba hasta donde la vista llegaba.

            Entonces, los chicos bajaron al suelo deslizándose por el ala de Ramsés, y este, junto con Obscurus, volvieron a recuperar su forma de humano. Krosa se detuvo en seco y se detuvo ante la inmensidad de la laguna.
–Jóvenes portadores, bienvenidos al mar de Piscis. –Decía Yamba con los brazos extendidos.
– ¡Yamba, se serio! –Gritaba Obscurus. – ¡Aquí no hay nada!
–Tranquilízate Obscurus. –Le decía Kassandra mientras le agarraba por los hombros.
–Esperad. –Les dijo Yamba. –Los transportistas llegaran de un momento a otro.

            Del centro del mar de Piscis empezó a brillar una luz verde, y de ella, se vieron salir tres haces de luz que iban derechos hacia la orilla del mismo. Al pararse los tres haces, el agua empezó a elevarse, y los chicos, el centauro y el nomo pudieron apreciar que esos haces de luz eran nada más y nada menos que tres camafantes, en los cuales había subidos un hulcus por cada uno y en dos de ellos habían dos enorme burbujas de aire.
–Hola Yamba, ¿qué te cuentas? –Preguntó el transportista del camafante del medio.
–Bien. –Le respondió. –Pero mi joven amigo no se encuentra bien, necesita con urgencia la fuerza de los cristales del reino de Piscis.

            El transportista se le quedó mirando a Yamba.
–Yamba. –Le decía. –No puedo hacer eso, sabes que está terminantemente prohibido el uso de los cristales con seres de fuera del mar de Piscis.
–Los necesita. –Reprimía Yamba. –Ya hablaré después con el rey Hidros.
–De acuerdo. –Le dijo el transportista. –Tú sabrás dónde te metes, ¡subid!

            Los otros dos camafantes que tenían las burbujas, se hundieron bajo las aguas de aquel mar, y luego extendieron sus largos tentáculos haciendo un camino desde la orilla hasta su lomo, si es que a esa enorme cabeza se le podía llamar lomo. Ramsés, Kamuy, Sarah, Obscurus, Kassandra y Crystal, subieron en un camafante, y Krosa, Yamba, Rodash, y Shorem en el otro.

            Seguidamente, y después de que subieran todos, los camafantes se hundieron en las profundidades del mar hacia el reino de Piscis, el cual se hallaba en la zona central del mar y en la zona más profunda.

            Por el camino, Kamuy, Obscurus y Crystal, observaban la pintoresca fauna del mar de Piscis; por un lado había tiburones, por otro lado había delfines, en otro acuagons; que son dragones especializados en el elemento del agua, su cabeza es larga y tiene forma de cola de delfín, el cuerpo es delgado, la cola larga, y entre los dedos de las patas y las zarpas tienen membranas; por otro lado vieron leviatanes, y por último veían tortugas gigantes tan grandes como una montaña del territorio de Holson.
–Que maravilloso. –Decía Crystal.
–Es alucinante. –Decía Sarah. 
–Ya estamos llegando al reino de Piscis. –Decía Yamba desde el otro camafante.

            Los chicos se asomaron al borde de la burbuja para poder contemplar el reino submarino de Piscis. Ese reino era inmenso, tenía jardines con las mismas especies de árboles y plantas que en la superficie, la cultura un tanto avanzada, un maravilloso castillo o palacio de coral vivo y de colores llamativos. Los habitantes del reino eran tan pintorescos como su fauna, había tritones, sirenas, ninfas, nereidas y hulcus. Aunque los tritones y las sirenas no nadaban, es más, levitaban dentro de aquel reino. Y además, el reino estaba cubierto por una enorme y gigantesca burbuja que le protegía de las amenazas.

            Cuando iban a llegar a la burbuja que cubría el reino, Crystal, Kamuy, Sarah y Obscurus se echaron para atrás del miedo a que ocurriera una catástrofe al chocar contra la burbuja, pero los camafantes siguieron adelante sin pausa y sin prisa, y al llegar a la burbuja, esta cedió dándole paso a los tres camafantes.
–Ya hemos llegado. –Dijo el transportista. –Bienvenidos forasteros al reino del mar de Piscis.
–Muchas gracias amigo. –Le dijo Yamba mientras caminaba guiando a los demás hacia el palacio de Hidros.
–Para eso estoy. –Dijo el transportista antes de que se alejasen lo suficiente.

            Los chicos anduvieron un tanto diferenciados entre la multitud del reino, que les miraban con cierto aire a curiosidad.
–Me siento observado. –Decía Obscurus mientras un grupo de nereidas le miraban y sonreían.

            En eso, Kassandra, un poco celosa, agarró a Obscurus del brazo.
–No te preocupes portador del Aire. –Le dijo Yamba. –Ya estamos llegando.

            Llegaron a unas enormes escaleras de coral en las cuales había ni más ni menos que cien escalones.
–No podemos subir todas las escaleras. –Decía preocupada Crystal. –La salud de Shorem está en nuestras manos.
– ¿Quién ha dicho que tengamos que subirle nosotros? –Dijo Yamba mientras todos se quedaban con aires de preocupación, incluido el pequeño nomo.

            Del final de la escalera, se oyó un gruñido, seguido después de unos tentáculos de un kraken, un pulpo gigante, el cual cogió a Shorem de los brazos de Krosa, pero no sin que antes Rodash se bajase del zurrón de este a los cabellos de Krosa, y lo elevó hasta el final de las escaleras.
–No os preocupéis. –Les dijo Yamba. –Kraken es muy dócil, no le haría daño ni a una subnaga.

            Las subnagas, son pequeños insectos de las profundidades, son iguales a las luciérnagas, pero estas pueden respirar y nadar bajo el agua. Cuenta una leyenda que si un enjambre de subnagas gira y brilla alrededor de una pareja, nada en el mundo puede separarles.
            Volviendo a la historia, el kraken llevó a Shorem al interior del palacio, y Yamba guiaba a Kamuy, Obscurus, Crystal, Rodash, Krosa, Sarah, Kassandra y Ramsés por el interior del palacio hacia la sala del trono donde se encontrarían con el rey Hidros.
–Que sorprendente es este palacio. –Admiraba Kamuy.
–En un sitio así cualquiera se pierde. –Terminaba Obscurus.

            Los chicos siguieron caminando por los pasillos del palacio de coral hasta que Yamba se detuvo en frente de una enorme puerta de color rosado y con un sinfín de conchas y caracolas incrustadas en ellas.
–He aquí, la entrada al salón del trono. –Le decía Yamba con los dos brazos extendidos.
– ¿Y esperas que abramos esa salvajada de puerta? –Preguntó Obscurus.
–No será necesario. –Dijo Yamba. –Esperad. ¡Anerom, Oibur! –Gritó.

            En las paredes de la puerta, aparecieron dos chorros de agua que se dejaban caer al suelo, seguidamente, empezaron a tener forma de hulcus, uno de color oscuro y otro claro.
–Nos alegra verte de nuevo por aquí Yamba. –Le dijo Anerom.
–Has estado fuera mucho tiempo. –Continuó Oibur.
–Ya hablaremos luego. –Les dijo Yamba. –Abridnos las puertas a la sala del trono por favor.
–Vale. –Le dijo Anerom.

            Estos dos hulcus abrieron las puertas de la sala del trono. Al abrirse de par en par, dejaron ver a los chicos una inmensa sala en cuyo centro había otra gigantesca escalera de coral, y en cuyo final, había un trono inmenso.
–Saludos mi señor, Hidros. –Dijo Yamba acompañado de una reverencia.

            La persona, si es que se le puede llamar persona a los hulcus, quien resultaba que era el rey Hidros, levantó la cabeza y miró a Yamba desde su trono. El rey Hidros parecía buena persona a primera vista, a diferencia de los demás hulcus, el era calvo de coronilla, su cuerpo era más claro incluso que el de Yamba; debido quizá a su longeva existencia, en lugar de tener dos colas, el solo tenía una y acabado en sirenio, su barba era similar al color del musgo que se forma en las rocas de los mares, e iba en torso desnudo al igual que Yamba y el resto de los hulcus y tritones. 
–Me alegra volver a verte Yamba. –Le dijo Hidros. –Veo que por fin has hallado a los cuatro portadores que decía Xing.
–Un momento. –Le dijo Crystal. – ¿Vos conocéis a Xing, majestad?
–Si, así es. –Asentó Hidros. –Conocí a Xing cuando pasó por aquí por última vez hará ya diez años. ¿Vosotros de qué le conocéis?
–Le conocimos en la aldea Pange. –Le dijo Kamuy. –Al sur de Shaulon, en el interior de las montañas de Holson.
–Debe ser un lugar hermoso. –Dijo Hidros impresionado.
–Lo es, majestad. –Le dijo Obscurus.
–Oiga majestad. –Le dijo Crystal a Hidros. – ¿Dónde está Shorem ahora?
– ¿Quién es Shorem? –Le preguntó Hidros en plan de no saber nada.
–No se haga el loco majestad. –Le respondió Crystal con aires de enfado.  –Me refiero al chico que trajo al interior del palacio la criatura kraken.
– ¡Ah, claro! –Exclamó Hidros. –No os preocupéis portadora del Agua, se encuentra en la sala de los cristales, está en la sala contigua recuperándose de la herida esa que le dejaron los necrofoides.

            Crystal, se quedó un poco preocupada, ¿cómo sabía Hidros que ella era la portadora de la piedra del Agua?, ella no se lo había dicho. Aleatorio a estos hechos, Kamuy miró a la puerta que había a la izquierda, más pequeña que la de la entrada de la sala del trono, y se volvió a Hidros preguntándose si era esa la sala de los cristales.
– ¿Es esa puerta la sala de los cristales? –Preguntó Kamuy a Hidros.
–Así es. –Respondió Hidros. –Id  hacia esa puerta, mi hija se está haciendo cargo del portador de la Tierra.

            Kamuy, Obscurus, Crystal y Rodash, el cual se había bajado de la melena de Krosa, se acercaron corriendo a toda prisa hacia la puerta de la sala de los cristales, abrieron la puerta de sopetón, mientras Yamba, Krosa, Sarah, Kassandra y Ramsés, iban caminando tranquilamente hacia la misma. Kamuy, Obscurus, Crystal y Rodash vieron a Shorem tumbado boca arriba en una especie de altar de mármol rodeado por cuatro brillantes y enorme cristales, y al otro lado del altar, estaba sentada una joven ninfa de piel azul claro, partes de los brazos, manos, pies, piernas y pecho tenía marcas de color azul oscuro; de su cabeza salían lo menos parecido a tres tentáculos que eran del color de su piel, y debajo de estos, unos hermosos cabellos rubios, a diferencia de Hidros, esta no tenía cola, pero si boca.

            La ninfa, la cual era la hija del rey Hidros, cogió un fragmento de los cristales y empezó a pasarlo por la herida que le hicieron los necrofoides a Shorem aquella noche. Shorem, gemía de dolor al sentir aquel mineral pasar por su herida abierta, en eso Crystal saltó hacia el altar e intentó que Shorem no sufriera.
– ¡Estate quieta! –Le dijo Crystal enfadada. – ¿No ves que así le haces más daño?

            La ninfa levantó la mirada hacia los ojos de Crystal y la calmó pasándole el cristal por la cara, entonces Crystal se calmó y se echó hacia atrás, entonces Kamuy y Obscurus fueron a ver que tal se encontraba.
–Crystal, ¿qué ha pasado? –Preguntó Obscurus.
– ¿Estás bien? –Le preguntó Kamuy.
–Está bien. –Dijo la ninfa, la cual tenía una voz dulce y harmoniosa como el canto de Crystal. –Solo le he eliminado el estrés que tenía acumulado.
– ¿Quién sois? –Preguntó Kamuy.
–Soy la princesa Anémuna. –Le respondió la ninfa.
– ¿Cómo se encuentra el señor Shorem? –Preguntó Rodash.
– ¿Shorem? –Preguntó Anémuna. – ¿Se llama así?

            Rodash asentó con la cabeza.
–Es un nombre muy bonito. –Se dijo a sí misma. –Se encuentra bien, la herida desaparecerá en un par de horas.
– ¿En un par de horas decís? –Preguntó Kamuy.
– ¿Y qué vamos hacer hasta entonces? –Preguntó Obscurus.

            La ninfa se quedó un poco muda al no saber dónde podría mandarles, en eso Yamba sale con una proposición.
–Majestad, si vos queréis, yo me encargaré de mostrarles los mejores parajes y lugares del reino.
–Muchas gracias, Yamba. –Dijo Anémuna satisfecha.

            Entonces Kamuy y Obscurus, agarraron a Crystal por debajo de los brazos y alrededor de la cintura para poder llevársela a “tomar el aire”. Rodash, pensó que sería buena idea dar aquel paseo, pues el nunca había salido de la posada de Shaulon. Ramsés, quería averiguar algo más sobre los acuagons del reino, y Krosa, lo único que quería era buscar un buen sitio donde comer a gusto, y en cuanto a Sarah y Kassandra, solo querían descansar un poco de su agitado viaje.
–Yamba. –Dijo Obscurus. – ¿Dónde sería el mejor sitio?
–Los jardines del palacio son un lugar maravilloso donde estar. –Le respondió.
– ¿Tenéis algún pergamino o libro dónde pueda estudiar a los acuagons?         –Preguntó Ramsés.
–Si, la biblioteca del reino es muy amplía, y tiene información varia de todas sus criaturas.
– ¿Y un buen sitio para comer? –Preguntó Krosa.
–Creo que en la cuadra puedo conseguirte algas gigantes que les damos de comer a los acuagons. –Dijo Yamba entre risas.
–No te cachondees de mí. –Dijo Krosa un tanto enfadado.
–Tranquilo amigo mío. –Le respondió. –Solo te estaba gastando una broma.

            Entonces el grupo entero soltó una carcajadas tan grandes que se oyó en toda la sala del trono. La puerta de la sala de los cristales se cerró lentamente dejando solos a Shorem y a Anémuna, la cual, aún veía con cierta mirada perdida a Shorem, el cual aún se encontraba tumbado y dormido. 

            Antes de que Kamuy, Obscurus y Crystal, la cual ya se había recuperado del trance, saliesen de la sala del trono para que Yamba les guiase hacia los jardines de palacio, el rey Hidros les pidió que se quedasen un segundo.
–Un momento portadores. –Les dijo Hidros.
– ¿Qué se os ofrece majestad? –Preguntó Obscurus.

            Entonces el rey Hidros empezó a bajar por los escalones que llevaban hacia su trono, al llegar al final de las escaleras, el rey les pidió que le siguieran hasta otra sala.
–Por favor, acompañadme un momento a otra sala. –Les dijo.
– ¿Para qué? –Preguntó Kamuy.
–Paciencia. –Respondió Hidros. –Lo descubriréis a su debido tiempo.

            Hidros empezó a caminar por los pasillos de palacio con Kamuy, Obscurus y Crystal detrás de él. Los portadores se preguntaban todo el rato que era lo que hidros les quería enseñar.
– ¿Qué será los que nos querrá enseñar el rey? –Preguntó Kamuy.
–No lo sé. –Respondía Crystal.
–A lo mejor nos lleva a unos buenos aposentos. –Decía tontamente Obscurus.
–No seas estúpido. –Dijo Kamuy.

            Anduvieron durante cinco minutos hasta llegar a una puerta, la cual era de coral y con dos caracolas de picaporte. Hidros, acercó sus manos a aquella puerta, y tras abrirla, Kamuy, Obscurus y Crystal se llevaron una enorme sorpresa al ver que dentro de esos aposentos se hallaba Xing sentado en una silla de madera mirando a los jardines de palacio a través de la ventana.
– ¿Xing? –Dijo Kamuy con una expresión de sorpresa en su rostro. 
–No puede ser. –Aseguraba Obscurus.

            Entonces, el viejo Xing, el cual tenía una venda en la cabeza, se dio la vuelta y alargó una sonrisa de oreja a oreja.
–Hola chicos. –Decía sonriente el viejo mago.

            Entonces, Kamuy, Obscurus y Crystal fueron corriendo hacia Xing mientras Hidros observaba con calma como los chicos se abalanzaban sobre este.
– ¡Cuánto tiempo sin veros chicos! –Dijo Xing muy contento.
– ¿Dónde estabas Xing? –Preguntó contenta Crystal.
           
            Xing se levantó del suelo en el cual estaba tumbado con Kamuy, Obscurus y Crystal encima y empezó a contarles lo sucedido, mientras tanto, Hidros seguía escuchando ansioso en la puerta.
–Veréis chicos. –Decía Xing dando comienzo a su pequeña historia. –Partí hacia Verom el día en que los necrofoides dejaron las marcas de sangre de drago en toda la aldea. Fui con la intención de tener unas palabras con mi primo Xang, pero mi intento fue en vano.
– ¿Por qué dices eso Xing? –Preguntó Obscurus.
–Xang lo tenía todo previsto para que yo cayera en su trampa y me destruyera, pero antes de todo ello, me contó su plan. Pretende liberar a Drangstrumg con el poder de las cuatro piedras elementales, afortunadamente, Ramsés vino en mi búsqueda y me salvó antes de que los drekens de Xang me devorasen.
– ¿Ramsés te salvó? –Preguntó Obscurus.
–Así es. –Le respondió Xing.
–Pero Xing, las piedras elementales sirvieron para encerrar a Drangstrumg, ¿para qué las quiere Xang? –Irrumpió Kamuy.
–Las cuatro piedra por si solas no son más que el espíritu de los antiguos seres, pero juntas son las llaves que liberan a Drangstrumg de la cámara de Anser.
– ¿La cámara de Anser? –Preguntó Obscurus.
–La cámara de Anser es una especie de portal que lleva al mundo de la oscuridad de todos los seres, Drangstrumg busca el más mínimo atisbo de oscuridad en todos los seres para poder escapar de su prisión.

            Los chicos se vieron unos a otros pensando que este tipo de aventura les quedaba algo grande, incluso llegaron a pensar en abandonar la misión ya a la mitad.
–Xing… –Decía Crystal. –Creo que… no podemos continuar más.
– ¿Pero que decís? –Preguntó Xing. – ¡Ya habéis llegado hasta aquí, habéis atravesado el bosque Lirwood, vencisteis a los necrofoides, llegasteis a Shaulon y después a Piscis! ¿Por qué decís que os queda grande?
–Por que Shorem ha caído enfermo por la lucha contra el jefe de la primera horda de necrofoides. –Decía Obscurus cabizbajo.
–Pero es cierto que Shorem ha conseguido despertar al dragón de la Tierra, ¿no?
– ¿Y cómo sabes tu que Shorem ha invocado al dragón de la Tierra? –Le preguntó Crystal a Xing.
–Por que el resto de las piedras tienen un misterioso brillo, incluso más que antes. –Dijo Xing mientras señalaba a las piedras de Fuego, Aire y Agua.

            Entonces Xing le pidió a Hidros que le trajera unos pergaminos alquímicos de su biblioteca, Hidros llamó a Anerom y le pidió que trajera todos los pergaminos de alquimia de los que disponían. Al cabo de un rato, Anerom trajo consigo de la biblioteca un puñado de pergaminos, los cuales le fueron entregados de inmediato a Xing.

            Seguidamente, Xing desenvolvió el primer pergamino, en el estaban representados los cuatro elementos en una especie de dibujos muy antiguos.
–Las piedras elementales para que puedan liberar al máximo su poder, necesitan estar en contacto con sus respectivos elementos, así pues, la piedra del Agua solo desataría todo su potencial el contacto con el agua o con el hielo, la piedra del Fuego se activaría si estuviera cerca del fuego o de un volcán, la piedra del Aire tendría que estar en el cielo para activar al máximo su potencial. –Explicaba Xing. –Así pues, Shorem pudo liberar al dragón de la Tierra por que en ese instante estaría en contacto con su elemento, ¿no es así?

            Entonces, Kamuy, Obscurus y Crystal recordaron por unos instantes la batalla en Lirwood contra los necrofoides, en aquel momento en el que Shorem había sido herido por la espada del necrofoide alfa, y entonces cayeron en la conclusión, Shorem cayó al suelo al ser herido, en aquel momento estaba en contacto con la tierra.
– ¡Si, así es! –Dijo entusiasmada Crystal.
–Shorem estaba tocando la tierra con su cuerpo cuando huíamos de los necrofoides.      –Dijo Obscurus.
–Gracias a la activación de la piedra de la Tierra, las demás han conseguido despertar, pero no han dado a conocer su potencial. –Decía Xing. –Esas piedras os están probando.

Entonces Kamuy, levantó la cabeza y miró a Xing un tanto confuso.
– ¿Probando? –Preguntó Kamuy. – ¿Qué quieres decir con eso Xing?

            Xing empezó a explicarle a Kamuy el poder de las piedras muy seriamente.
– Los espíritus de los antiguos seres residen en las piedras elementales, y solo se les otorgara a los elegidos de los clanes de Agua, Aire, Fuego y Tierra, supuestamente creemos que sois vosotros cuatro por la activación de la piedra de la Tierra.
–Ya veo. –Dijo Crystal resignada. –Así que… somos los elegidos al fin de al cabo.
–Suena bien. –Dijo Kamuy. –Al fin podremos vivir una aventura.
– ¡¿Pero qué dices?! –Le dijo Obscurus mientras le agarraba del cuello de la ropa.
– ¡La verdad! –Contestó Kamuy. –Además, prometimos en el templo de Radius que acompañaríamos a Shorem dónde fuera necesario, ¿lo habías olvidado?                              

            Entonces Obscurus soltó a Kamuy, y seguidamente se miraron Crystal y él con cierta cara de odio a sí mismos.
–Es verdad. –Dijo Crystal.
–Lo prometimos. –Terminaba Obscurus.
–Se que es algo muy difícil de realizar, pero aún así debéis hacerlo, si es que queréis volver ver la aldea Pange. –Decía Xing.

            Entonces, los tres soltaron a la vez un enorme bostezo, pues desde la escapada por el bosque de los espejismos no habían pegado ojo.
–Creo que estáis cansados, ¿no es así? –Preguntó Hidros.
–Pues si. –Dijo Kamuy entre un enorme bostezo.
–No hemos dormido en toda la noche. –Dijo Obscurus.
–Necesitamos dormir un poco. –Finalizaba Crystal mientras se frotaba el ojo derecho.

            Entonces Hidros decidió llevarles a unos aposentos privados para ellos.
–Acompañadme, por favor, os llevaré a vuestros aposentos para que descanséis.
–Hidros. –Dijo Xing. –Buenas noches.
–Que descanses Xing. –Dijo Hidros mientras cerraba la puerta de la habitación de Xing.

            La aventura no ha hecho más que comenzar, nuestros héroes han recorrido un largo camino hacia el mar de Piscis, al menos, han descubierto que Xing se encuentra a salvo, y que su papel en este mundo era una tarea muy peligrosa…

6 de marzo de 2012 El 7:02:00 AM Frikeado por Lightdragon 0 Comments


Tal y como os lo prometí, aquí empezaré a colgar semanalmente, y cuando pueda, uno o dos capítulos de este anime. Éste anime es especial, consta de 26 episodios, divididos en unas 4 ó 5 sagas. Os dejo la lista de descargas para que podáis disfrutarla: 

Saga de Saroth
03 - Escucha el último de mis deseos

Saga II (bajo construcción)
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06
07
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El 6:53:00 AM Frikeado por Lightdragon 0 Comments


Un nuevo evento Wi-Fi para las versiones inglesas (y se supone que de modo internacional también) ha sido anunciado, con Zekrom y Reshiram como protagonistas, a nivel 100. Si tienes Pokémon Edición Negra recibirás a Zekrom; si tienes la Edición Blanca, a Reshiram. Son los mismos que salieron en Japón el julio pasado, con los movimientos Llama Azul, Llama Fusión, Niebla y Cometa Draco (Reshiram) yAtaque Fulgor, Rayo Fusión, Neblina y Enfado (Zekrom)
Este evento está activo del 10 de marzo al 8 de abril, y da acceso a pieles del C-Gear especiales de la película.

4 de marzo de 2012 El 1:52:00 PM Frikeado por Lightdragon 0 Comments


Bueno, ya he subido los capítulos a mediafire en castellano, los iré subiendo poco a poco, ya que la conexión me va un poco mal, para vuestro deleite, id aquí

El 8:09:00 AM Frikeado por Lightdragon 0 Comments


El Bosque de los Espejismos.

Nada más pasar veinte minutos desde su partida, los chicos llegaron a lo que parecía ser los lindes de un profundo y oscuro bosque, con árboles viejos, con copas tan altas y frondosas que tapaban casi en su totalidad la luz del Sol, y numerosas ramas que constituían el suelo de un mundo arbóreo.

            Yamba, al ver el bosque, se paró en seco, miró detenidamente al bosque, y dijo:
—Que extraño.
— ¿Qué pasa? —Preguntó Crystal.
—He pasado muchas veces por aquí, y nunca había visto este bosque.  —Dijo el hulcus.
— ¿Qué pretendes decir? —Preguntó Krosa.
—Todo esto era desierto ayer, sin embargo, hoy se ha transformado en un bosque.       —Aclaró Yamba.
—Oh, vamos, Yamba, no irás a decir que este bosque ha aparecido de la nada. —Se burló Crystal.
—Puede ser, pero aún así es extraño, no entiendo por qué esto ha cambiado. —terminó Yamba.
—Eh… chicos. —Balbuceó Obscurus.
— ¿Qué? —Preguntaron todos al unísono.
—Creo que deberíamos preguntarle a Santum el por qué de la existencia de éste lugar —Dijo Obscurus.
—Pues, ¿a qué esperas? —Le dijo Crystal.
—Voy, espera un momento —Dijo Obscurus.

            Obscurus sacó de su manto de oscuridad el orbthank y lo sostuvo con una mano. Al verlo, Krosa preguntó:
— ¿Qué es eso?
—Ahora lo verás —Le dijo Obscurus.

            Obscurus pasó la mano libre por encima del orbthank, y dijo:
—Santum, necesitamos de tu sabio consejo.

            De inmediato Obscurus se vio en la sala del Oráculo de Radius.
—Siéntate, Obscurus. —Dijo Santum, que estaba sentado en una de las sillas de la mesa de piedra. —Y explícame qué quieres saber.
—Bien, como presumo, ya sabrás que salimos de Shaulon con rumbo mar de Piscis.    —Decía Obscurus.
—Si —Contestó Santum tranquilamente.
—Pues bien, hete acá que no mas pasar unos veinte minutos de nuestra salida, nos encontramos con un bosque que según nuestro amigo Yamba el día de ayer no era mas que un vulgar mar de dunas de arena, y no entendemos por qué se pudo transformar un árido desierto en el frondoso bosque con el que nos encontramos.
—Conque, me hablas de un bosque que aparece y desaparece. —Dijo Santum tras un largo rato en silencio.
–Eso parece ser. —Dijo Obscurus.
—No solo lo parece, sino que es más peligroso de lo que ha simple vista parece. Ese bosque hechiza al que entra en él, impidiéndole cualquier escapatoria, y si tú has logrado escapar, ha sido por pura suerte. Tendrás que volver allí, y decirles a tus compañeros que la única manera de romper el hechizo es matar a la criatura maligna que habita en ése bosque. Decirte qué criatura es no podría, ya que escapa de mis conocimientos y de mi vista. Lo último que esa criatura está protegida por un guardián, que tampoco podría describírtelo. Eso es todo lo que puedo decirte, Obscurus. —Le decía Santum. —Tendríais que engañar de alguna forma al guardián y acabar con esa criatura.
—Bien, entonces, he de partir ya. —Dijo Obscurus.
—Si, puedes irte, y no olvides lo que te he dicho. —Dijo Santum.

            Obscurus se levantó, se acercó al Oráculo y lo tocó. Apareció en el mismo lugar en el que estaba antes de desaparecer.
— ¿Y bien? —Preguntó Ramsés.
—Pues… no podemos salir de aquí.
— ¿Qué? —Gritaron todos a la vez.
—Lo que oís, el bosque nos impide salir, y Santum me ha dicho que la única forma de poder salir de aquí es acabar con una criatura maligna que habita en este bosque, que está vigilada por un guardián. —Explicaba Obscurus.
— ¿Cómo que el bosque no nos deja salir? —Preguntó asustada Crystal.
—Si, no nos deja salir por obra de un maleficio. No sé quien puede estas detrás de todo esto —Dijo Obscurus.
— ¿Quién querría que nosotros no lleguemos a nuestro destino?  —Preguntó Kamuy.
—No sé… sigamos, tenemos que buscar la manera de salir de aquí. —Dijo Ramsés.

            Kamuy se quedó quieto un momento. Se subió a las ramas bajas de un árbol y oteó alrededor. Divisó algo a lo lejos. Se bajó del árbol, se acercó a sus compañeros y dijo:
—Vayamos por allí. —Dijo mientras señalaba al norte. —Parece ser un camino seguro.

            Reanudaron la marcha siguiendo la dirección indicada por Kamuy. Éste iba detrás guiando al grupo. Giró la vista a un lado, porque le había parecido ver algo a lo lejos. Dirigió la vista una segunda vez hacia el mismo lado, y entonces lo vio. Allí, en la orilla del río, había algo que antes no estaba.

            Kamuy se acercó con cautela, y al acercarse pudo ver qué había ahí: había una persona que parecía estar inconsciente. Kamuy aproximó la cara al cuerpo, y vio que respiraba. Trató de despertarla, pero estaba sin sentido.

            Kamuy llamó a sus compañeros, que llegaron enseguida. Al ver a aquella persona inconsciente en la orilla del río, todos se quedaron atónitos, y se preguntaron cómo había llegado hasta allí. La persona en cuestión era una joven, de apenas unos dieciséis años, con el pelo moreno medio castaño, de tez blanca, y parecía ser de menor estatura que Kamuy, aunque no se notaba. Llevaba puesto un escudo ligero de forma asimétrica en la espalda, la vaina de una espada corta colgando en la espalda, detrás del escudo, un vestido crema nacarado largo, con cuello de pico con estampados dorados en el cuello y el borde de las mangas, y una espada ensangrentada hasta la mitad de la hoja en la mano derecha.

            Obscurus se acercó a la chica y la examinó. Tenía diversas heridas, magulladuras y cortes por todo el cuerpo. La levantaron, no sin cierta dificultad, y la sentaron a la sombra de un árbol.
Obscurus probó el agua del río, y dijo a sus compañeros:
—Podríamos coger un poco de agua del río, para lavar sus heridas, si alguno tiene una cantimplora vacía. Podríamos también usarla para aliviarle el dolor a Shorem, aunque no sé cuanto le durará el efecto de sus efectos medicinales, ya que ésta es agua mágica que calma y alivia el dolor, pero por poco tiempo.

            Crystal se acercó a la orilla del río, sacó una cantimplora de su zurrón y la llenó. Acto seguido la guardó. Crystal se fue acercando a la chica, y sacó un pequeño frasco con forma cilíndrica, que contenía un líquido transparente con un ligero brillo azulado-verdoso. Cuando estuvo a su lado, sacó el tapón del frasco, e hizo beber a la chica. Cuando el líquido pasó por la garganta, ésta recobró el sentido, tosió y parpadeó varias veces. Luego miró a su alrededor, y se asustó al verse rodeado de aquellos personajes. Ella consiguió decir, con una voz débil y temblorosa:
— ¿Quiénes sois?

            La tensión del ambiente se aflojó. Obscurus se acercó a ella y le dijo:
—Perdonad el hecho de que no nos hayamos presentado. Somos una partida de viajeros que salió de la ciudad de Shaulon con la intención de llegar al mar de Piscis pronto para sanar a nuestro amigo que yace ahí en el lomo del centauro, porque fue atacado por...  —Obscurus pensó si debía contarle a esa chica que Shorem fue atacado por un necrofoide, o por otro lado contarle la misma mentira que le contaron al gigante que guardaba las puertas de Shaulon, pero al final dijo. —Fue atacado por… un necrofoide.
— ¿Qué? —Preguntó ella.
—Son como espectros, fantasmas, y nos persiguen desde hace tiempo, pero hemos conseguido darles esquinazo metiéndonos en éste bosque. —Dijo Kamuy.
— ¿Y porqué os persiguen? —Volvió a preguntar ella.
—Por que tenemos algo que ellos quieren. —Concluyó Crystal.
— ¿El qué? —Preguntó ella cada vez más nerviosa.
—Esto. —Dijo Obscurus, mientras le mostraba la piedra del Aire que se hallaba colocada en lo alto del mango de su guadaña.
— ¿Y para qué quieren ellos una vulgar piedra tallada?
—En primer lugar, no es sólo una sola piedra. —Dijo Kamuy mientras mostraba su piedra del Fuego que se encontraba entre hoja y hoja de su hacha, Crystal le mostraba la de su cetro y la de la espada de Shorem —Y segundo, de vulgares no tienen nada. En el interior de éstas piedras se guardan cada uno de los elementos. Estas piedras participaron en la gran batalla que se dio hace miles de años, en los tiempos antiguos, en la que una alianza de hombres y bestias lucharon contra el ejército de Drangstrumg, que trataba de cubrir el mundo con su manto de oscuridad en las lomas del volcán de Verom, luchando para conseguir la libertad de las regiones que habían sido invadidas por el ejército de Drangstrumg, y para poder encerrarle en la cámara de Anser, dentro del volcán.
—Y ahora las presentaciones: yo soy Obscurus, portador de la piedra del elemento del Aire, mago oscuro experimentado originario de la aldea de Pange.
—Yo soy Kamuy, hermano de Obscurus, portador de la piedra del elemento del Fuego, gran arquero, guerrero y herrero, también originario de la aldea Pange. —Decía Kamuy mientras se ponía cerca del tronco del árbol.
—Yo soy Crystal, portadora de la piedra del elemento del Agua, soy sacerdotisa, y también de la aldea Pange, y gran amiga de los ya presentados. —Dijo esto mientras señalaba a Kamuy y a Obscurus. —Éste de aquí que está inconsciente es Shorem, portador de la piedra del elemento de la Tierra, hábil en el bello arte de la espada, pero desafortunado en el combate.
—Yo soy Krosa, soy un caballero centauro proveniente del bosque de Treestone, soy un gran arquero pero también soy bueno con la espada. Me uní al grupo junto con Yamba en Shaulon.
—Yo soy Yamba, servidor del rey Hidros, del mar de Piscis, y, al igual que Krosa, me uní a ellos en Shaulon.

            Del zurrón de Shorem salió con un salto Rodash, el nomo, y dijo:
—Al oír que ustedes se estaban presentando a alguien, me dije “Rodash, si no te presentas no puedes considerarte un buen nomo”, pues bien, empecemos: Me llamo Rodash, soy un nomo del bosque Nolia. Hace poco trabajaba en la posada “el pequeño sátiro” en Shaulon, pero me uní al grupo.
—Y, para terminar, yo soy Ramsés, guerreo proveniente de Shaulon, gran espadachín.
—Bien, ya solo falta por saber una cosa, ¿quién eres, cómo te llamas, por qué estás aquí, cuánto tiempo hace que estás aquí y qué te produjo esas heridas? —Preguntó Obscurus a la chica.

            Ella, se quedó un rato mirándoles a los ojos. Al poco, ella perdió el miedo y dijo con una voz más fuerte y dulce que antes:
—Me llamo Sarah, provengo de una aldea de las llanuras de Dagarrosa, y me dirigía a Shaulon a visitar a un pariente mío.
—Si sólo ibas de visita, ¿por qué llevas armas y escudo? —Preguntó Crystal.
—Para defenderme de los bandidos. Yo siempre voy armada, y puedo decir que gracias a ellas sigo aún viva. —Respondió Sarah —Llegué aquí hará unos tres días, y por más que lo intenté no pude salir de aquí. Así que, traté de convencerme de que tarde o temprano podría salir de aquí o que alguien me ayudase; pobre de mí, pues al segundo día me encontré en un llano que está más arriba en el curso de éste río a una extraña mujer, vestida con un largo vestido negro, con mangas malvas y cuello y bordes del traje rojos, que portaba un bastón con un orbe azul oscuro en la punta, y tenía el pelo negro, largo hasta la cintura, y ojos azules. Ella no debía de ser más vieja que la persona que está delante vuestra, pues tenía por lo menos un centímetro o dos más de estatura que yo, y tenía la tez ligeramente morena. Me acerqué a ella, y le dije: mujer que por aquí moras, diga, por favor, a esta joven, si existe o usted lo sabe, alguna forma o manera de poder salir de este laberíntico bosque, ya que, por mas que lo he intentado, no he hallado la ruta o manera posible que me lleve o dirige en dirección a la región de Shaulon, por que allí tengo asuntos que resolver, y problemas que solucionar. —Hizo una pausa para tomar aliento y luego continuó. —y al terminar de hablar, ella me dice con una voz aparentemente dulce: –Joven que por aquí pasas, tu suerte te ha traicionado, pues bien es sabido que todo aquel que entre en éste bosque, no volverá a salir, porque este bosque está maldito, y sólo yo sé como se puede salir de aquí.
—Llegados a este punto, me asusté un poco. —Dijo Sarah. —Pero vencí el miedo y le pregunté: –Gentil y esbelta señora, ¿podrías vos enseñarme el camino de salida del que usted habla? Y en esto, al terminar de hablar, pude notar un brillo de malicia en su mirada, pero no le di importancia. Ella me respondió: —Poder, lo que se dice poder decírtelo si puedo, pero que te lo diga es otra cosa.
—No entiendo lo que vos me quiere decir. —Le dije yo. —Continuó Sarah.  —Pero lo que me dijo después me asustó: —Quiero decir que, nunca saldrás de aquí, y que te arrepentirás ahora de haber entrado. Discute la forma de salir de aquí con una tarántula.
—Acto seguido. —Seguía explicando Sarah. —Se arremangó ambos brazos, murmuró una especie de hechizo a la vez que señalaba detrás de mí con su bastón a un punto lejano, y de repente oí un gran rugido. Me di la vuelta rápidamente, y detrás de mí vi a una tarántula gigantesca, que debía medir unos diez metros de la pata delantera a la pata trasera, una anchura de unos siete metros, unas gigantescas pinzas amenazantes zumbando con un gruñido de furia, y me miraba fija y amenazadoramente con unos ojos negros y fríos como la noche. Nada más verla, salté a un lado, ya que se abalanzó contra mí. Desenvainé rápido la espada y me protegí con el escudo, y me preparé para el ataque. Cual fue mi sorpresa al ver que la tarántula se hallaba rodeaba por un grupo de cuatro arañas azules y grises y diez arañas rojas blanquee—negras, de un metro y medio metros de la pata delantera a la trasera y dos de ancho las primeras y de metro y medio y un palmo más de largo y tres metros de ancho. Me acerqué a ellas corriendo cubriéndome con el escudo y con la espada en alto. Una grisácea saltó sobre mí, pero la esquivé, y aproveché para clavarle la espada varias veces e intentar cortarle alguna pata dándole golpes con el escudo. Pero se me reviró rápido como el rayo y me tumbó boca arriba, y se tiró encima de mí, para intentar aplastarme a la vez que me mordía con las pinzas y me arañaba con las patas. Me aprisionó bajo su peso, pero pude clavarle la espada en el abdomen y quitármela de encima. Luego intenté huir, ya que contra ése grupo de arañas no tenía nada que hacer. Ése fue otro fallo por mi parte, ya que me siguieron. Otra azulada me pilló desprevenida y me tiró al suelo, pero pude quitármela de encima a golpes. Decidida a no dejarme vencer, me enfrenté con una blanquee-negra, pero no tuve tanta suerte como con las dos grisáceas, ya que, nada más encararla, me nubló la vista lanzándome una telaraña directa a los ojos. Intenté quitármela rápidamente, y lo conseguí, pero ya era demasiado tarde; la tarántula me había arrollado y fui a parar a la parte del río en la que me encontrasteis. Mientras intentaba respirar, no sin cierta dificultad, y levantarme, se me volvía a acercar la tarántula. Decidí fingir que me había vencido, pero no funcionó, ya que me agarró con sus pinzas, y empezó a apretarme. Levemente al principio, pero cada vez con más fuerza, y me apretó con tanta fuerza que casi me parte en dos. La mujer le dijo a la tarántula: —Para, pues lo que tienes entre tus pinzas ya no tiene vida, y no hace falta que te la comas, por que de ella no aprovecharás nada. La tarántula me soltó, y, aunque me dolió mucho la caída, no me quejé, ya que si me quejaba, descubrirían que aún estaba viva, y acabarían matándome de verdad. Con la caída perdí el conocimiento, y en todo el tiempo que he estado sin conocimiento me vi envuelta en una serie de oscuras pesadillas. Antes de perder el conocimiento, pude ver cómo esa mujer hacía desaparecer a las arañas con un conjuro y se iba hacia la espesura del bosque. Luego, con mucho esfuerzo, volví a cubrirme las espaldas con el escudo. Desde entonces, y hasta el momento en que hicisteis que recuperase el conocimiento, he notado en mi corazón cómo una presencia maligna intentaba apoderarse de mí. He de deciros que os estoy muy agradecida por haberme despertado, ya que, si no me hubieseis despertado, ahora estaría poseída por esa presencia maligna. Bien, eso es todo.  —concluyó Sarah.
—Bueno. —dijo Obscurus. —Ahora sabemos cuál es la criatura y cuál es el guardián. — ¿Podrías conducirnos hasta el lugar en que se produjo ese encuentro?
—Por supuesto. —Dijo Sarah. —Seguidme.

            Sarah los condujo río arriba hasta llegar al llano que Sarah había descrito.
—Aquí vi a esa mujer. —Dijo Sarah —Y de allí salió la tarántula. —Dijo señalando un sendero que se ocultaba entre unos árboles de gruesas ramas que ocultaban casi por completo el sendero.
—Bien, y ahora, ¿qué hacemos? —Preguntó Crystal un poco nerviosa.
—Bueno, pues si Santum dijo que la única forma de escapar de aquí era acabar con esa bestia, y la viste aparecer por ahí, Sarah, creo que nos va a tocar andar un rato por ese sendero. —Dijo Krosa.
—Pero, ¿entonces qué pasa con la salud de Shorem? —Preguntó nerviosa Crystal.
—Tranquila, por lo que noto, se le ha bajado ligeramente la fiebre y está estable. —Dijo Yamba tranquilizándola. —Pero creo que deberías darle un poco de ese brebaje que llevas, para ver si recupera la conciencia.

            Crystal sacó el frasco que contenía el líquido azulado-verdoso, le quitó el tapón e intentó que Edu bebiera un poco. No sirvió, aún obligándole a tragar, no funcionó; sobre él no surtía efecto. Probó también con el agua del río, obteniendo el mismo resultado.
—Bueno, al menos lo has intentado. —Dijo Obscurus. —Venga, hay un largo camino que hacer, y no sabemos el tiempo que Shorem estará estable.

            El grupo reanudó la marcha, y empezaron a caminar por aquel sendero que cuyo fin no alcanzaba la vista. El camino fue por un tiempo llano, pero luego empezó a hacerse cada vez más vertical, y a serpentear entre los árboles de un bosque que con el paso del día se volvía más oscuro. Al alcanzar el Sol lo alto del cielo, coronaron una pequeña cima plana, sin árboles, desde la cual se podía ver el mar de árboles que rodeaba la cima, extendiéndose hasta más lejos de la línea del horizonte, cubriendo las faldas de una montaña que se erigía al norte, nevada en el pico.
—Descansaremos aquí un rato. —Dijo Krosa. —Pues la carga que llevo a cuestas se me hace cada vez más pesada a cada paso que doy.
—Me parece bien. —Dijo Crystal. —Podemos tumbarle aquí.

            Bajaron a Shorem con mucho cuidado, y lo recostaron apoyándole la cabeza en una piedra.
—Cocinaremos algo, descansaremos un rato y luego seguimos. —Dijo Crystal. —Ya tenía ganas de descansar, llevamos toda la mañana caminando.
—Calculo que no haremos caminado más de cuatro o cinco millas. —Dijo Kamuy mientras miraba al horizonte lejano que tendrían que recorrer. —Pero, creo que tendremos que aligerar el paso, pues vamos demasiado lentos, allá a dónde vayamos. Creo que ha sido un error tomar ese sendero.
— ¿Cómo dices, hermano? —Preguntó Obscurus.
—Que creo que tomar ese camino ha sido nuestra perdición. —Dijo Kamuy tranquilamente. —Según mi opinión, en el último desvío tendríamos que haber seguido hacia el norte, no hacia el oeste.
— ¿Quieres decir que estamos perdidos? —Preguntó exaltada Crystal.
—No he querido decir eso. —Dijo Kamuy. —He querido decir que, si hubiésemos seguido hacia el norte, ahora estaríamos a dos millas de aquí, por lo menos.
—Yo podría otear por ahí a vista de pájaro a ver si veo señales de esa extraña mujer.   —Dijo Ramsés.
—Si tantas ganas tienes, estás tardando. —Le dijo Obscurus.   
            Ramsés no tardó en convertirse en dragón. Levantó el vuelo y se dirigió hacia el horizonte. Al volver al cabo de un rato, Ramsés dijo:
—No veo nada, los árboles cubren el suelo; intenté atravesar sus copas, pero son muy espesas.
—Vale, no sabemos en qué incógnito lugar del bosque puede hallarse lo que seguimos. —Dijo Kamuy.    —Cinco minutos y partimos.
—Cálmate un poco, Kamuy. —Dice Obscurus. —Venga, tómate un trago de esto.

           
Obscurus le alcanza una botella que contiene un líquido negro—rosado. Lo prueba, le gusta, invita a Sarah, que también le gusta. Fue a darles un poco a los demás, pero Obscurus le quitó la botella de las manos.
—Espero que te haya gustado mi poción de verbena, semilla de helecho, raíz de mandrágora, naranjas mezcladas con té y vino. —Dice Obscurus sonriendo.
— ¿Provoca algún efecto? —Pregunta Kamuy.
—Ya lo verás —Contesta Obscurus riendo.

            Al reanudar la marcha, descendieron por la colina norte, y de allí siguieron caminando por un tortuoso camino, lleno de raíces que estaban fuera de la tierra, entre unos árboles que cubrían la luz con sus muertas ramas. Al cabo de un rato de marcha se hallaron en que un grupo de árboles cerraban el paso, y tuvieron que salirse del camino. Ahora avanzaban sin saber en qué dirección iban. Otra vez vieron bloqueado su camino, esta vez por unos árboles y matorrales anormalmente grandes.
—Kamuy, corta estos matojos con el hacha, ya que ese es el único camino que hay.  —Ordenó Crystal.

            Kamuy descolgó el hacha de sus amarres y se preparó para cortar el árbol en dos. Nada mas dar un paso hacia el árbol, con el hacha en ristre, empezó a sonar un murmullo que parecía provenir de los alrededores.
— ¿Qué es ese ruido? —Preguntó Krosa.

            Todos se quedaron un momento a escuchar. Era un ruido seco, continuado, como el roce de las hojas de los árboles cuando hay brisa, pero con un tono más amenazador.
—Son… los árboles —Dijo Obscurus.
— ¿Qué? —Preguntó Crystal.
— ¿Te acuerdas del bosque Lirwood, donde acaba la aldea Pange? Cuentan las antiguas leyendas de los ancianos que había algo en el aire que los hacía crecer altos y esbeltos, y a cobrar vida. Árboles que murmuran, hablan entre ellos, y pueden moverse libremente. Este bosque es viejo, muy viejo. Noto el ambiente cargado de cólera contenida. Si en este bosque no nos mata alguna criatura, lo harán los árboles. —Concluyó Obscurus.
— ¿Y por qué están tan enfadados? —Preguntó Crystal.

            Pasó un momento sin que nadie dijera nada, y el murmullo de los árboles aumentó. Kamuy seguía con el hacha amenazando al árbol que tenía delante.
—Kamuy —Dijo Obscurus.
— ¿Qué? —Preguntó Kamuy.
—Baja el hacha, no hemos de herirles —Dijo Obscurus.
—Oh… perdón —Se disculpó Kamuy, y se volvió a poner el hacha a la espalda, y el ruido cesó levemente. Rodearon el grupo de árboles y siguieron avanzando.

            Tras un rato caminando, Kamuy ordenó pararse al grupo, se subió a un árbol y se puso a otear. Obscurus desapareció en las sombras con un estallido sin ruido y apareció en la misma rama en que se hallaba Kamuy.
— ¿Qué ves? —Le preguntó Obscurus a Kamuy.

            Kamuy le mandó callar, y le hizo señas para que escuchara. En principio oyó un ruido débil, lejano, como una especie de murmullo. Se dio cuenta de que ese ruido no era lejano. Obscurus le volvió a preguntar:
— ¿Qué es?
—Algo… sé acerca. —Dijo Kamuy.

            Acto seguido Kamuy bajó del árbol de un salto, y Obscurus se teletransportó en las sombras hasta el suelo al lado del grupo.
—Escondámonos entre los árboles. —Aconsejó Kamuy.

            Crystal se ocultó en unos matorrales al pié de un árbol cercano, Kamuy volvió a subirse al mismo árbol, Obscurus subió a un árbol que se encontraba paralelo al de su hermano, Ramsés se mimetizó como parte de la corteza del árbol, Krosa se escondió tras un árbol con el arco en ristre y Yamba se transformó en un charco de agua. Todos aguardaron el momento en el que lo que se acercaba pasaría por el lugar en el que ellos se hallaban. El ruido sonaba cada vez más fuerte, cada vez más cerca. De improviso, aquel murmullo cesó tras un sonido semejante al de la caída de un árbol. Todos miraron al frente, y vieron a la criatura que había producido aquel estruendo. Era un myr, o al menos eso parecía. El myr se hallaba tendido en el suelo boca abajo, y se hallaba en un estado deplorable: tenía el brazo derecho haciendo un extraño ángulo, diversas heridas y cortes por todo el cuerpo, le faltaba un trozo del brazo izquierdo y tenía una cicatriz ensangrentada a lo largo de la cara. Tenía los ojos cerrados, y respiraba con mucha dificultad.
— ¿Qué le ha pasado? —Preguntó Ramsés.
—Creo que se ha estado peleando con algo. —Dijo Kamuy.
— ¿Qué podría hacerle esto a un myr? —Preguntó Crystal.

            Todos se miraron. No había duda, estaban cerca de su objetivo.
Emprendieron el camino, esta vez sabiendo en qué dirección iban. Llegaron a una zona en la que los árboles rodeaban un lago.
—Aquí las huellas del myr se pierden. —Dijo Kamuy. —Debió de haber estado bebiendo aquí en el momento en el que le atacaron.

            Bordearon el lago por su parte derecha, o al menos lo intentaron, pues el lago no parecía tener fin. Al caer la noche, seguían caminando intentando llegar al otro lado del lago, pero desistieron, y pararon a descansar.
— ¿Tú que crees, Kamuy? ¿Paramos a dormir ahora o seguimos toda la noche hasta el amanecer?           —Preguntó Crystal.
—Debemos avanzar rápido para coger a nuestro enemigo, y cazarle durante la noche sería un golpe a nuestro favor; pero tenemos que andarnos con cuidado, pues no sabemos si somos nosotros los que perseguimos o somos los perseguidos. El resto puede descansar, pero montaremos guardia por turnos, para vigilar si el enemigo decide atacar ayudado por la oscuridad.
—Bien, podéis dormir todos, yo me quedaré a vigilar en el primer turno. —Dijo Obscurus. —Si se atreve a atacar en la oscuridad, le veré claramente y le obligaré a batirse en retirada.
—Vale, pero yo voy en el segundo turno, a partir de las tres de la madrugada hasta las cinco. —Dijo Kamuy.
—Haz lo que te plazca, pero ahora duerme. —Dijo Kamuy.
—Y yo el tercero hasta el alba. —Dijo Ramsés.

            Apagado el último fuego, se dispusieron a descansar, y Obscurus a vigilar. Las horas iban pasando lentamente: las once, las doce, la una, y todo envuelto en un misterioso silencio sólo roto por el ocasional ruido de los grillos. Obscurus se extrañaba al ver el bosque tan callado y silencioso, pero no bajó la guardia ni un momento. Alrededor de las dos y media, Obscurus estaba luchando vivamente para quedarse despierto, pero el sueño era un enemigo tenaz. Al final Obscurus se derrumbó y se durmió, dejando caer la cabeza hacia delante, pero al instante se despertó. Así siguió un rato. Obscurus creyó haberse quedado dormido cuando oyó que una voz femenina le estaba llamando desde alguna parte, diciendo: “Obscure, Obscure...

            La voz le llamó dos veces más y se cayó. Obscurus se levantó y miró a ambos lados, tratando de identificar de dónde venía aquella voz, ayudado por su capacidad de ver en la oscuridad, sabiendo que solo una persona le llamaba así, pero no podía ser, pues esa persona había fallecido tiempo atrás. No vio nada y se sentó otra vez. Al cabo de un momento la misma voz volvió a llamarle, esta vez la voz se sentía más fuerte que antes. Obscurus se volvió a levantar y volvió a mirar a todos lados, cada vez más enfadado. Al final descubrió de donde provenía aquella melodiosa voz de mujer. Provenía del lago centro del lago.


Obscurus se dirigió lentamente hacia la orilla del lago. La voz ésta vez cantaba con un sonido ahora más dulce y fuerte que cuando le llamaba con el nombre “Obscure”. Éste dio un paso adelante y se puso a flotar sobre la superficie del lago, y se acercó a donde provenía esa voz. En medio del lago había una mujer, de aparentemente corta edad, con el pelo negro largo hasta la cintura, que lleva un largo vestido negro, rojo y malva, y porta un caduceo en la mano izquierda con un orbe azul oscuro en la punta del mismo. Era la misma mujer que había atacado a Sarah. No se sabe por qué, pero a Obscurus le resultó conocida la cara de aquella mujer.
—Tú… ¿quién eres? —Le preguntó a esa extraña mujer mientras empuñaba la guadaña y bordeaba con la hoja el cuello de la mujer.
—Vaya, Obscure, ¿no sabes quién soy? —Dijo la mujer con voz tranquila mientras apartaba la guadaña con la mano derecha.
—No. ¿Cómo sabes cómo me llamo? —Dijo Obscurus.
—No esperaba eso de ti, Obscure. Tú y yo nos conocemos desde que tenías diez años. ¿Lo recuerdas ya? —Le preguntó.
—No. Eso no es posible. —Dijo Obscurus.
—Sí que lo es. —Respondió la mujer.
—Entonces, tú eres… —Titubeó Obscurus.
—Si… —Dijo ella ahora con una voz tranquila y melosa.
—Imposible, eso fue hace tiempo. —Dijo Obscurus tajantemente.
—Pues soy yo.
—No, quien conocí yo murió. —Sentencia con pesar Obscurus.
—No es cierto que muriera. —Dijo ella con voz apagada.
—No tienes pruebas de que tu seas aquella a quién conocí. —Espetó Obscurus.
—Sí, sí tengo. —Responde apresuradamente.

            Ella se arremangó la manga derecha, y le mostró una marca en forma de cabeza de dragón negro que tenía en el hombro.
—No. —Exclamó Obscurus.
—Sí, Obscure. —Dijo ella.
—Eres… —Balbuceó Obscurus.

           
Por un instante, Obscurus se quedó callado, y muchos recuerdos de tiempos pasados volvieron a su memoria. Ya sabía quien era esa mujer. Al recordar su nombre no tardó en decirlo:
–Kassandra. —Obscurus siseaba a la vez que decía el nombre de la mujer.
–Han pasado muchos años, Obscure, desde la última vez que nos vimos. —Dijo Kassandra con una voz suave y armoniosa, a la vez que se le acercaba.
           
            Con el paso de los años, había ganado en belleza, era una nigromante de la raza de los elfos—vampiros del desierto Droogog, en Golgomath.
—Nunca llegué a entender del todo por qué te fuiste, Kassandra. ¿Es que no me querías? —Preguntó Obscurus.
—No, siempre te he querido. No puedo decirte por qué me fui —Dijo Kassandra. —Por ahora.
—Entre nosotros nunca hubo secretos, Kassandra. —Le dijo Obscurus.
—Ya, pero no puedo decírtelo. —Le dijo Kassandra.
—Me dijeron que te fuiste lejos, al sudoeste de Tánatos.
—Si, así fue. —Dijo Kassandra melancólicamente.
—Te escribí durante mucho tiempo. —Dijo Obscurus —Y tú me respondías —Esbozó una leve sonrisa.  —Pero, sin motivo alguno… —La sonrisa se le borró de la cara. —…Una de las cartas que envié no tuvo respuesta. Envié otras tantas más, con el mismo resultado. Al cabo de dos meses sin contestaciones, recibí un mensaje; en ese mensaje, ponía que tú habías fallecido en un accidente.
—Siento que hayas tenido que pasar por eso. —Intentó calmarlo.
—Si sigues viva, ¿por qué me mentiste? —Le preguntó Obscurus cada vez más despierto.
—Lo sabrás cuando salgas de éste bosque. —Dijo Kassandra.
— ¿Eso significa que me dirás el camino que hay para salir de aquí? —Le preguntó Obscurus.
—No, digo que dentro de dos días os enfrentaréis con la criatura que guardo. Os enfrenaréis a ella en las lomas de la montaña que viste esta tarde, cuando tratabais de encontrarme. —Le dijo Kassandra.
— ¿Por qué dentro de dos días?—Le preguntó Obscurus.
—Por que en dos noches puedo contarte todo lo que quieras saber. —Le dijo Kassandra.
— ¿Y por qué no podrías decírmelo ahora? —Le preguntó esperanzado.
—Ahora acaba tu turno, son las tres. Ve a despertar a Kamuy, y descansa tu, te lo tienes merecido. —Dijo dulcemente Kassandra. —Podrás verme en tus sueños.
—Nos veremos mañana, en el mismo turno. ¿De acuerdo? —Dijo Obscurus.
—De acuerdo. —dijo Kassandra. Se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. —Hoy es el primer día, mañana te contaré más detalles.

            Kassandra quedó al instante envuelta en un destello de luz azul oscuro durante un segundo, y luego desapareció. Obscurus volvió rápidamente a donde estaban los demás, se acercó a Kamuy y le dijo despertándole:
—Despierta, ha llegado tu turno.
           
            Obscurus no se extrañó al ver que Kamuy dormía con los ojos abiertos. Éste parpadeó varias veces, se desperezó y se levantó.
— ¿Ha pasado algo? —Preguntó Kamuy.
—No… no ha pasado nada. —Dijo Obscurus. —Dile a Ramsés, cuando llegue su turno, que me despierte al alba.
—Vale. —Dijo Kamuy. —Descansa ahora.

            Obscurus se tumbó boca arriba y se quedó un rato mirando las estrellas y contemplando la Hoz y tratando de encontrar a Los Tres Reyes de los Días Antiguos. A los pocos minutos le venció el sueño, y pudo verla otra vez.

            Kamuy se subió a un árbol y se puso a observar la oscuridad, tratando de encontrar algún rastro de la criatura. Creyó ver algo a lo lejos, así que cogió dos flechas y las disparó al lugar donde vio eso. Pasado un rato, se acercó cautelosamente a donde habían caído las flechas, pero no vio nada. De un salto volvió a subirse al mismo árbol. De ahí no se movió hasta las cuatro, momento en el que oyó el ruido de algo arrastrándose por el suelo. Escuchó una segunda vez, por si el ruido se repetía; no se equivocaba, pues el ruido se volvió a oír. Nada mas oírlo saltó hacia donde provenía el ruido. Había caído sobre algo blando, que no tardó en agitarse y revolverse. Kamuy trató de inmovilizarlo, y lo consiguió. Mientras lo paralizaba oyó estupefacto una voz que decía:
—Para, que te equivocas.

            Kamuy dejó que inmovilizarlo, se levantó y le preguntó:
— ¿Quién eres?
—Soy yo, Sarah. —Dijo Sarah levantándose con dificultad.
— ¿Qué haces levantada? —Le preguntó Kamuy.
—Me desperté y fui a beber un poco de agua. Luego intenté conciliar el sueño, pero no pude. Luego fui a lavarme las manos al lago, y en ese momento me saltaste encima.
—Vaya, lo siento. —Se disculpó Kamuy.
—Bah, no importa. —Le dijo Sarah.
—Bueno, ya que estás despierta, podrías ayudarme a vigilar, aunque quede poco para terminar mi turno.  —Dijo Kamuy. —Y podríamos charlar un rato.
—Vale.

            Kamuy saltó de nuevo hacia la misma rama.
—Sígueme… si puedes. —Le dijo a Sarah en tono burlón antes de saltar.

            Sin inmutarse de lo que le había dicho, Sarah se acercó al árbol, y empezó a trepar hábilmente por él. Al llegar arriba, esbozó una sonrisa hacia Kamuy. Éste le dijo:
—No está mal, pero no tienes tanta habilidad como yo.
—Ah, ¿sí? Ahora verás.

            Dio un brinco hasta llegar al árbol más cercano, que se encontraba a dos metros de distancia.
—Nadie ha podido ganarme saltando de árbol en árbol. –Dijo Kamuy con una leve sonrisa.

            Saltó hasta alcanzar la rama que se hallaba encima de la de Sarah, a dos metros de distancia de ella.
—Muy osado. —Ríe ella. —Ahora verás.

            Volvió a saltar sobre el mismo árbol del principio, pero alcanzó a llegar tres ramas más arriba, a dos metros y medio.
—Muy bien, no está mal. —Dijo Kamuy.

            Saltó hasta llegar a estar a un metro de altura de Sarah.
—Aunque saltes bien, no puedes superarme. —Respondió Kamuy.

            Acto seguido bajó hasta la rama en la que se hallaba Sarah.
—Bueno, ya se está agotando mi turno, creo que debería despertar ya a Ramsés. —Dijo a la vez que  bajaba del árbol.
—Aún no, Kamuy. —Quejó Sarah. —Sólo ha pasado poco tiempo. Y ni siquiera nos hemos sentado a hablar.
— ¿De qué quieres hablar? —Preguntó Kamuy.
—Pues de ti, de mí y de la manera en que podamos salir de aquí.

            Kamuy trepó por el árbol hasta llegar a la misma altura que Sarah.
—Bien, ya estoy de vuelta, perdona que te halla dejado tanto tiempo solo.

            Sarah dibujó una sonrisa y dijo:
—No pasa nada, pues ya vuelves a estar conmigo.
—Bien, empecemos a hablar. —Comenzó Kamuy. —Lo primero es lo primero. Dijiste que teníamos que hablar de mi persona. ¿Por qué?
—Es que no os conozco del todo —Dijo Sarah. —Os conozco desde esta mañana, y aún no sé si me puedo fiar de vosotros.
— ¿Desconfías de nosotros? —Preguntó Kamuy.
—Puede decirse que sí. —Aclaró Sarah. —Todo eso de que esos tipos… necrofoides, o como se llamen, te busquen a ti y a tus compañeros sólo por que tengáis en vuestro poder esas extrañas piedras. No sé… me parece muy raro. ¿No será acaso que vosotros les robasteis esas piedras, habéis huido y ahora os persiguen para intentar recuperarlas?
—Sarah. —Dijo Kamuy. —No es cierto eso de que nosotros les hayamos robado estas piedras. —Se acercó mientras mostraba la piedra del Fuego.      —Sino que eran ellos los que las pretendían robar, y nosotros las cogimos para evitar que las robasen.
— ¿Cómo sé que no me mientes? —Inquirió ella.
—Mira, nuestro amigo Shorem fue herido por uno de ellos. De no ser por eso cuando te socorrimos el mismo se te hubiese presentado.
—Pudo haberse herido de otra manera. —Dijo ella.
—Ah, ¿sí? —Responde Kamuy —Entonces, si no me crees, ¿por qué sigues con nosotros?
—Sólo os seguiré hasta que salgamos de aquí. —Dijo ella entre sollozos. —Luego no tendré ningún motivo más para seguiros a vos.
—Bien, ya he tenido suficiente conversación por esta noche. —Dijo tranquilamente Kamuy. —Me voy a despertar a Ramsés.
— ¿Ya? —Preguntó ella nerviosa.
—Sí. No tengo nada más que hacer. —Dijo Kamuy. —Pero, dime, ¿por qué quieres que no le despierte aún?
—Pues… porque… no tendré con quien hablar. —Dijo ella.
—Ahora me entero de que Ramsés es mudo. —Bromeó Kamuy, ella mostró una sonrisa. —Puedes hablar con el todo el tiempo que quieras en cuanto le despierte.
—Yo no quiero hablar con él.
— ¿Por qué?
—Es que… sólo quiero hablar contigo. —Dijo Sarah.
— ¿Conmigo? —Preguntó Kamuy extrañado. —Eso, ¿por qué?
—Por que…
— ¿Sí? —Preguntó Kamuy
—Bueno, este…
—Tranquila, no te voy a comer.
—Porque… me gustas.

            Kamuy se quedó atónito. Parpadeó varias veces, y al cabo de un rato, dijo:
—Vale, pues tú también me gustas a mí.
— ¿En serio? —Dice ella. Giró la cabeza ligeramente para que Kamuy no vea que se había sonrojado.
—Si. —Dijo Kamuy.

            Se acercó a ella tranquilamente, le agarró la oreja izquierda y tiró de ella suavemente, y Sarah fingió que le dolía a la vez que le dijo:
—Pero, ¿qué haces? —Y le dio una bofetada —Te vas a enterar.
— ¿En serio? —Se burló Kamuy —Cógeme, si puedes.

            Acto seguido saltó al árbol contiguo. Sarah le siguió y estuvo a punto de pillarlo, pero Kamuy saltó otra vez, ésta vez a una rama más próxima al suelo. Siguieron así durante un rato, hasta que accidentalmente chocaron en el aire y cayeron al suelo.
— ¿Estás bien? —Le preguntó Kamuy a Sarah mientras se sentaba en el suelo tras la caída.
—Si, solo estoy un poco magullada, nada más. —Responde ella sentándose a la derecha de Kamuy.
—Esto, ¿por dónde íbamos? —Preguntó irrisorio Kamuy.
—Bueno. —Dijo Sarah. —Podemos empezar otra vez.

            Juntaron suavemente sus labios y permanecieron juntos unos diez minutos.
—Bueno, todo lo que empieza tiene que acabar. —Dijo Sarah al rato.
—Tristemente, la vida es así. —Dijo Kamuy tranquilizándola.
—Me gustaría pasar más tiempo contigo. —Dijo ella.
—Cuando acabe todo esto, prometo no separarme de ti. —Comenta Kamuy antes de besarle la mejilla.
—Espero que así sea. —Dijo ella melosamente. —Venga, despierta a Ramsés, me han vuelto las ganas de dormir.

            Kamuy se acercó a Ramsés y le despertó diciéndole:
—venga, ha llegado tu turno.

            Ramsés se desperezó enseguida y se puso en pie.
— ¿Ha ocurrido algo? —Preguntó.
—No. —Dijo Kamuy. —Despierta a Obscurus, me dijo que cuando llegase tu turno te dijera que le despertaras inmediatamente.
—Así haré. —Responde Ramsés.

            Se dirigió a Obscurus y le despertó diciéndole:
—Por orden de Kamuy, que dice que tú se lo dijiste, te ordeno que te despiertes inmediatamente.

            Obscurus dormía envuelto en un manto de oscuridad. Al despertarse, la oscuridad se dispersó y puso los pies en el suelo.
—Gracias. —Dijo. —Ya tenía ganas de levantarme.
— ¿Por qué has pedido que te levantase tan temprano? —Preguntó Ramsés.
—Para rendir mejor a lo largo del día. —Contesta Obscurus. —Además, con dos vigías la zona está más segura.

            Ramsés y Obscurus se fueron cada uno a tomar sus posiciones. No ocurrió nada raro hasta el amanecer, y la última guardia pasó penosamente lenta para los guardas. Obscurus aprovechó la última capa de oscuridad que quedaba para transportarse en ella de un lado a otro y leer un rato el Grimorum, y practicar algunos embrujos, como crear fuego azul a partir de la nada que no quema pero produce daño por que la llama es venenosa y tiene un veneno capaz de tumbar a diez mil personas, levantó algunos árboles del suelo y los volvió a posar, etc. El día llegó, acompañado de una densa niebla que impedía ver con claridad los árboles. Poco después de amanecer, con el Sol calentando tímidamente la hierba, nuestros héroes se fueron despertando uno tras otro, hasta estar listos para partir de nuevo.
— ¿Ha pasado algo durante la noche? —Preguntó Crystal a los que mantuvieron guardia.
—No, no ha pasado nada, que yo sepa. —Dijo Ramsés. —Podemos partir ya.
—Adelante. —Dijo Krosa. —En marcha.
            Volvió a cargar a Shorem en su lomo, recogieron sus enseres y emprendieron la marcha, guiándose por las pistas que encontraba Kamuy y las rutas o senderos indicados por Obscurus. Al final vieron que el lago conectaba con el afluente de un río, y tuvieron que bordearlo. Dejaron atrás el río, y caminaron a campo traviesa. El terreno se fue escarpando y empinando moderadamente, y luego volvió a descender pronunciadamente. El camino empezó a serpentear. Luego encontraron otra vez el cauce del río que atravesaba unos altos acantilados cubiertos de vegetación. Aquí el cauce era poco profundo, y pudieron pasar al otro lado. Siguieron caminando durante un largo rato. La niebla fue aclarando hasta desaparecer totalmente. Obscurus, cansado ya de vagar sin rumbo bien definido, al llegar a un claro amplio del bosque, le dijo a Ramsés:
—Ramsés, transfórmate en dragón, elévate sobre los árboles aprovechando este claro para ver sobre ellos; pero déjame subir a tus espaldas, pues hallaré fácilmente la ruta a vista de pájaro.

            Ramsés se transformó en dragón y dejó a Obscurus subir a sus espaldas. Alzó el vuelo enseguida, y subió hasta lo más alto de las copas de los árboles. Desde allí podía ver el mar verde que se extendía debajo de ellos, y a lo lejos, al Norte, se podía ver una montaña con el pico nevado y oculto por la niebla.
—Bien, baja, ya sé por dónde tenemos que ir. —Le dijo Obscurus a Ramsés.
Bajó y enseguida aterrizaron sin ningún problema.
— ¿Qué camino tomamos?—Preguntó Yamba.
—Desde lo alto me ha sido posible divisar a la distancia lo que parece ser una formación montañosa, no muy lejos de aquí pero tampoco tan cerca como debería.      —Dijo Obscurus. —Esa formación se alza al norte. Propongo que vayamos hacia allí para poder divisar desde una perspectiva elevada si avistamos algún signo o señal de aquello que buscamos.
—De acuerdo. —Dijo Krosa.

            Siguieron caminando por un camino llano con espesa arboleda a ambos lados del sendero. Tras un largo rato de marcha, vieron que el suelo desaparecía bajo sus pies y descendía en un acantilado desde el cual se podía ver como los arbustos descendían por la pared del acantilado hasta llegar al suelo. En el fondo del acantilado había una laguna o pantano de aguas turbias que no dejaban ver el fondo.
— ¿Cómo pasamos al otro lado? —Preguntó Crystal.
—Ramsés nos podría portar por los aires hacia el acantilado de enfrente.  —Propuso Yamba.
—Pero, ¿cómo transportaría a Krosa? —Preguntó Kamuy.
—No hay problema. —Dijo Ramsés. —Subid.

            Acto seguido se transformó. Uno a uno fueron subiendo al lomo de Ramsés. Al tocarle el turno a Krosa, Ramsés simplemente lo cogió por el lomo y alzó el vuelo sin percance alguno. Cuando iban por la mitad del trayecto, del fondo de la laguna salió un tentáculo dirigido hacia Krosa, pero éste cortó el tentáculo cuando iba hacia él con su espada. Al llegar al otro lado, bajaron uno a uno.
— ¿Qué era eso? —Preguntó Crystal.
—Por lo visto eso parecía ser no más que un vulgar “summon architeuthis” mediano, ya que ese rejo era un poco pequeño. —Dijo tranquilamente Obscurus.
— ¿Qué? —Preguntó extrañada Crystal.
—Un calamar, vamos. —Responde mosqueado Obscurus. —Me extraña que aquí haya uno, por que suelen estar en el mar.
—Bueno, creo que ahora eso no nos puede interesar. —Dijo Kamuy. —Sigamos.

            Después de pasar el acantilado, encontraron otra vez el sendero, en una especie de túnel, en que las paredes eran unos oscuros y viejos árboles, y el techo era el cielo, ensombrecido por las gruesas ramas. Lo más extraño era que entre las ramas hay un inmenso ramaje de telarañas, algunas dispersas, y otras gruesas y resistentes, pero lo extraño era que, no se sabe si por encantamiento o no, ninguna atraviesa el camino. El camino siguió, unas recto, y otras serpenteando. Los árboles parecían apretarse, cerrarse, como queriendo ocultar el camino. Enseguida se dieron cuenta de que parecía que ellos no eran quienes elegían el camino, sino que el bosque les obligaba. Notaron que iban rumbo nordeste, guiándose por el Sol.

            Al poco, una extraña niebla cubrió el camino lentamente, y se salieron sin darse cuenta. Sólo podían ver un poco. Llegaron a un lugar oscuro, en que la niebla era más espesa. Vieron algo en el suelo, una serie de piedras que parecen ser lápidas. Lo son. Cientos y cientos de lápidas, en correcta formación, en grupos de diez, hacia el lejano horizonte del este. No había grabación alguna en ellas, pero el mensaje estaba claro. Creyeron ver algo al este, una forma oscura, que vagaba entre las tumbas.
—Oh, no, un shuck. —Dijo Obscurus.
— ¿Qué? —Preguntó Crystal.
—Mirad atentamente, y decidme lo que veis. —Contestó Obscurus.

            Observaron detenidamente aquella negra forma, que se movía ágilmente como un fantasma entre las tumbas. Era una especie de horrendo perro de color negro, con el hocico y las mandíbulas manchados de sangre, goteando vísceras, sacando humo por los orificios nasales.
—No será... –Comenzó a decir Yamba.
—Sí, lo es. —Le contestó Obscurus. —Un shuck, un demonio que adopta la forma de perro negro, para engañar a sus víctimas. Es un mal augurio, el peor de todos; el augurio de muerte. El que lo ve fallece poco después.
—No será para tanto... –Dice Sarah.
—Te diré que tras años de estudio de la necromancia, ya nada tiene secretos para mí.

            Todos se quedaron mirando como aquel animal se alejaba, sin dirigirles la mirada. Cuando ya casi había desaparecido en la distancia, escucharon un aullido estremecedor...

            De repente, oyeron un graznido, levantaron la vista a un árbol cercano, un alto ciprés, y escudriñaron la niebla. Distinguieron la silueta de una forma negra, que estaba junto a una extraña piedra blanca. Mirando detenidamente, vieron en medio de aquella forma oscura unos puntos rojos, uno al lado del otro, brillando débilmente. Aquella figura era un cuervo, el más grande que se habían podido imaginar; estaba haciendo algo raro, parecía que arrancaba un trozo de la piedra con el pico y se la tragaba.

            Horrorizados, comprendieron que esa piedra era en realidad una cabeza humana, a la que le faltaba la mayor parte de la carne. El cuervo alargó el pico, y sacó un ojo de su cuenca. La calavera les devolvía la mirada, a través de sus ojos vacíos. El pico del cuervo se llenó de sangre cuando éste pellizcó la cabeza. La calavera apareció al poco, en todo su esplendor. El cuervo, al notar la presencia de público a aquel escabroso espectáculo, se viró, graznó y alzó el vuelo hacia ellos.

            Alas desplegadas al viento, con un movimiento veloz, los rodeó, describiendo círculos sobre ellos, lanzó un alarido, y miles de cuervos se abalanzaron de la nada contra ellos. Cogiéndoles por sorpresa, los cuervos les arañaron y picotearon, produciéndoles cortes. De repente, los cuervos salieron espantados. Una sombra inmensa, proveniente de Obscurus, los envolvió. Los cuervos huyeron en todas direcciones, menos el cuervo gigante, que se paró en el aire, y bajó al suelo. Sus ojos irradiaban rabia; no obstante, se mantuvo quieto, expectante. Luego, con un aire espectral y altanero, desplegó sus alas y se acercó lentamente a ellos. Con ademán sepulcral, se posó suavemente en el hombro de Obscurus, con sus afiladas garras grises. Para extrañeza de todos, se puso a graznar de manera extraña, con un raro tono grave.
—Qué extraño, parece que quiere comunicarse con nosotros. —Dijo Krosa.
—Sí, pero, que yo sepa, nadie puede hablar con los pájaros. —Apuntó Crystal.
—Nadie, excepto un mago oscuro. —Dijo Obscurus.
— ¿Cómo? —Preguntó Ramsés.
—La capacidad de hablar con los animales siempre ha sido considerada como una habilidad excepcional, sólo atribuible a poderosos magos oscuros. Morna, el Gran Nigromante, es conocido por su habilidad de hablar con los murciélagos y cuervos, Hlóke Herpeins, mi maestro de necromancia, puede conversar con las serpientes, y yo puedo hablar contigo.
—Vale, sé a donde quieres llegar. —Dijo airada Sarah. —Venga, hazlo.

            Obscurus escuchó los graznidos del cuervo, y al rato les dijo a sus compañeros:
—Su mensaje es claro: nos aproximamos al final del bosque y a la salida a Piscis. Nos manda tener cuidado con lo que nos espera, pues sabe más de lo que podría parecer en un cuervo. Nos aconseja seguir hacia el este y luego hacia el norte.
—De acuerdo, estamos cerca. —Empezó Kamuy. —Pero, ¿por qué nos lo ha dicho? ¿No se suponía que todas las criaturas de este bosque no trataban con gente?

            Pareció que el cuervo le oyó, y prendió el vuelo sin responder.
—Creo que te ha respondido. —Dijo Obscurus. —Adelante, tenemos que seguir.

            El terreno se fue volviendo cada vez más húmedo, embarrado en determinados lugares, y de tiempo en tiempo, de vez en cuando, encontraban charcos, y colosales cañaverales y juncos donde, ocultos, ronroneaban unos pajaritos. Habían de guardarse de por dónde andaban, para no mojarse y no perder el camino. En un comienzo caminaban de manera rauda, pero a medida que avanzaban la marcha esta se volvía cada vez más lenta y peligrosa. Algunos pantanos y lodazales los confundieron, y el camino les traicionaba y engañaba, e incluso Obscurus, experto en los bosques tras sus años de aprendizaje, estuvo a punto de equivocarse varias veces.

            Al poco volvieron a ver unos altos acantilados a los lados, rebosando de vegetación, con un río de barro al medio. Cuando llegaron al otro lado, Kamuy oyó un ruido entre unos arbustos. Se acercó y encontró entre la maleza un halcón peregrino, que emitía un grave pitido.
—Me parece que está herido. —Dijo Kamuy. —Crystal, tendrás que arreglarle el ala izquierda.

            Crystal sacó el frasco azul-verdoso, y se lo pasó a Kamuy. Éste le puso un poco de líquido en el ala, y al instante la herida sanó.

            El halcón se levantó, batió las alas y emprendió el vuelo.
—Bien, sigamos. —Dijo Yamba.

            De improviso, el halcón reapareció y se posó en el hombro de Kamuy, y se puso a emitir unos chillidos agudos.
—Quiere hablar. —Comenta Obscurus. —Veamos.

            Obscurus oye los gorgojeos del halcón, y después dice:
—Dice que le atacó una especie de araña gigante hace poco, cuando cazaba por aquí. La salida del bosque se encuentra al norte, tras las montañas.
—Será mejor que lo cuide yo a partir de ahora. —Dice Kamuy. —A partir de ahora serás conocido como Rúrik.

            El halcón revoloteó sobre sus cabezas y se posó suavemente en el hombro de Kamuy.

            Anduvieron a lo largo del día unas cuarenta millas. Este hecho era ya en si un logro, pues avanzaban muy lentamente debido a que Shorem tenía altibajos. Al llegar la noche acompañada de una ligera bruma que se fue espesando según avanzaba la noche hasta el comienzo del día, encontraron refugio en una colina donde se hallaban las ruinas de lo que era en su día una atalaya o puesto de guardia de piedra desde el que se podía ver alrededor. Tenía dos aperturas de entrada, y en su cima una sala ahora con el techo medio derruido. En dirección al Norte había una pequeña obertura, poco más grande que el torso de una persona adulta de metro setenta y ocho de alto, desde el que se podía ver en aquella dirección. Al sur había otra apertura del tamaño de un hombre de la misma medida, pero con la de un hombre sentado.
—Descansemos aquí esta noche, y partiremos al amanecer o posiblemente antes del alba. Esta edificación nos protegerá de los posibles peligros que puedan surgir.            —Propuso Kamuy.
—De acuerdo, descansemos aquí. —Dijo Crystal.

            Para poder descansar con tranquilidad, se designaron diversos turnos para vigilar a lo largo de la noche. Obscurus se volvió a asignar el primer turno, Kamuy el segundo y Krosa y Yamba el último. Apagado el último fuego, el humo negro salía por el techo y se perdía en la oscuridad, mientras Obscurus vigilaba la atalaya yendo de un lado para otro. Sobre la una de la madrugada volvió a sentir la voz de Kassandra que le llamaba. Esta vez le estaba esperando fuera de la torre, en el único punto donde no se podía ver y oír nada, un pequeño agujero en el lado oeste de la torre, que conducía a través de un estrecho y descendente corredor hasta una gran sala iluminada con antorchas de vivas llamas doradas. Lo primero que vio fue una serie de escalones anchos y ligeramente empinados. Subió por los siete escalones, y en lo alto vio una especie de altar, cubierto por un mantel azul y morado con bordes rojos; en el altar vio un voluminoso libro dorado abierto por la mitad, que estaba siendo leído en ese momento por Kassandra, que se encontraba de espaldas a Obscurus. Sobre el hombro de Kassandra había un extraño pájaro negro.
—Ya era hora de que llegaras. —Dijo Kassandra.
—Perdona, no pude llegar antes. —Dijo Obscurus.
—Ya. Bueno, creo que yo tenía que explicarte algo. —Dijo Kassandra.

            El pájaro alzó el vuelo, rodeó a Obscurus y se posó en el altar.
—Veo que no te acuerdas de Corhus, fuiste bastante indisciplinado con él esta tarde. —Comentó Kassandra.
— ¿Corhus?

            El pájaro se volvió hacia él. Era un cuervo. Voló del altar hacia él.
—Sí, Corhus, el cuervo que viste esta tarde en ese cementerio. ¿No te acuerdas del cuervo que nos encontramos herido en la aldea, cuando realizábamos un "Vestaira" una noche en el cementerio? Le pusiste de nombre Corhus, que en Sylvain significa "Viento del Norte", y me lo entregaste, dándome un regalo. Días después sabes que escapó, en vuelo raudo, y dirigiéndose hasta este bosque. Es el jefe de los cuervos, como habréis podido comprobar tú y tus compañeros. Bien, creo que tenía que decirte algo.       —Decía Kassandra dándose la vuelta y mirando a Obscurus a los ojos, mientras Corhus se posaba en su hombro izquierdo.  
—Si, tenías que explicarme porqué te fuiste, no me dijiste nada, me mentiste y fingiste tu muerte. —Dijo Obscurus.
—Si, era eso. —Dijo Kassandra.
—Y también tienes que decirme cuál es el camino para salir de aquí. —Concluyó Obscurus.
—Eso…, también. —Dijo Kassandra. —Bien, ¿por dónde podemos empezar?
— ¿Por qué te fuiste? —Preguntó Obscurus tajantemente.
—Espera, ahora te lo explico. —Dijo Kassandra. —Bien, el motivo por el que fui es que, como ya sabes, desciendo de grandes nigromantes, de los conocidos elfos-vampiros lucífugos del lejano desierto del Droogog, y por causas del destino mi familia tuvo que huir por que mi madre, Sha, y mi padre, Rancor, al realizar uno de sus encantamientos, despertaron el poder de un muñeco de vudú y una maldición cayó sobre la casa; Dicho muñeco poseía un espíritu maligno en su interior, que nos trajo quebraderos de cabeza durante una semana. A la semana de suceder esto no tuvimos más remedio que salir de allí, ya que no pudimos echarle de nuestra casa de ningún modo.
—Sólo has dicho por qué saliste de casa. —Dijo Obscurus.
—Espera, que hay más, Obscure. —Prosiguió Kassandra calmándolo. —Luego viene el por qué te engañé no diciéndote lo que me había pasado. Bien, mis padres consideraron que no debías saber nada y creyeron que sólo deberías saber que me fui de viaje.
—Sólo te falta lo último. —Dijo Obscurus. —Pero, ¿por qué no vinisteis a vivir a mi casa? Sayaka, mi madre y la de mi hermano, y nuestro padre Kalum, junto con mi abuelo Morna, el Gran Nigromante, y el resto de mi familia os hubiéramos hecho un hueco.
—Ya falta poco. —Contesta Kassandra. —No pude ir a tu casa por que mis padres no lo pensaron. Después de salir de casa estuvimos deambulando por ahí unos días, y decidimos alojarnos en alguna ciudad del desierto antes de decidir qué hacer. Bien, una noche, a eso de la medianoche, mientras todos dormían una figura apareció de las sombras en el claro en que habíamos parado a dormir, se me acercó, pude sentir su aliento, y el tirón que dio de mí para llevarme con él, y separarme de mi familia. Mi familia estuvo a punto de recuperarme varias veces en los dos días siguientes, pero fue en vano, y me dieron por muerta, de ahí el telegrama que recibiste. El tipo que me secuestró me llevó lejos, muy lejos, a un lugar dónde hay una alta torre al lado de un volcán presuntamente inactivo, pero soltando humo constantemente. En aquella torre, me obligó a que mejorase mis habilidades, me dio estas ropas, este orbe y me encargó que cuidase de la criatura maligna de este bosque.
— ¿Y pretendes que me crea que te diste por muerta sólo por que ese tipo te raptó? —Preguntó Obscurus. — ¿No intentaste escapar?
—Intenté escapar varias veces, pero no pude. —Aclaró Kassandra.  —Incluso aunque sé cuál es la salida de este bosque, no podría escapar a él, me tiene vigilada.
— ¿Sabes cómo se llama él?—Preguntó Obscurus indignado.
—No, no lo sé, Obscure. —Dijo Kassandra. —Sólo no puede verme aquí, pues escapa a su magia. Ésta sala es obra mía, yo la creé y sé todos sus pasillos.
—Sólo te queda decirme lo último. —Dijo Obscurus. — ¿Por dónde se sale de éste bosque?
—Lo siento, aún no te lo puedo decir. —Contesta Kassandra. —Lo siento.
— ¿Porqué? —Preguntó Obscurus.
—Lo sabrás cuando derrotéis a la criatura —Dijo Kassandra.
—Bien, ¿algo más? —Preguntó Obscurus.
—No. —Dijo Kassandra.
—Entonces, ¿por qué me dijiste que en dos noches me lo explicabas todo?    —Preguntó extrañado Obscurus.
—Por que pienso decirte la única forma de vencer a la criatura, y además, me gustaría unirme a vosotros. Ah, y Corhus también. —Dijo Kassandra.
— ¿Tu?, ¿unirte?, ¿quieres unirte al grupo? —Preguntó Obscurus.
— ¿Qué hay de malo en ello?—Inquirió Kassandra.
—Pues, que los demás se extrañarían al ver al guardián de la criatura una vez derrotada dicha criatura unirse a nuestro grupo. —Explicó Obscurus.
—Pienso explicarles quién soy, seguro que Kamuy, Crystal y Shorem me reconocen enseguida —Le dijo Kassandra.
– ¿Y qué pasa con los que no te conocen? —Pregunta Obscurus.
—Tranquilo, no voy a hacerles daño. —Contestó Kassandra.
—Ya, bien, ¿algo más que deba saber? —Desea saber Obscurus.
—Si, me gustaría darte algo antes de que te vayas a despertar a tu hermano para el segundo turno. —Dijo Kassandra.
— ¿Cómo sabes todo eso sobre nosotros? —Preguntó Obscurus.
— ¿El qué, te refieres a los turnos que habéis elegido cada uno? Yo sé muchas cosas de vosotros, pues desde que entrasteis en éste bosque os he estado observando y oyendo. Y, por lo visto, tu hermano Kamuy tiene un secreto que no le ha contado a nadie —Dijo Kassandra esbozando una sonrisa. —Pero que lo contará en su momento. Ahora,  espera un momento.

            Kassandra se dirigió a un lado del altar oculto por la tela sobresaliente. Se agachó y de la nada sacó lo que parecía ser una ballesta de metal que no tenía sitio para poner las flechas.
—Utiliza ésta ballesta para acabar con la criatura. —Dijo Kassandra. —Tienes que darle en la cara directamente. Como verás, esta ballesta no dispara flechas, sino que tiene un mecanismo hidráulico que lanza dardos a veinte dardos por segundo. Los dardos están hechos con las púas de un erizo venenoso que habita en este bosque, así, conque al menos roces a la criatura con uno de ellos, ya cae seguro, pues su veneno es letal, aunque hay otros dardos que no tienen veneno, pero con seguridad, la mayoría de los dardos están envenenados. La he fabricado yo, así que tiene mucho valor para mí, por favor, cuídala. Como verás, la he construido de tal forma que la puedas utilizar en ambas manos, pero como eres siniestro, no usarás la diestra. Te daré algunos recambios por si sé te acaban —Le puso en las manos dos paquetes, uno contenía cuatrocientos dardos, y el otro ochocientos dardos. —No los uses al principio, úsalos cuando la batalla esté en su punto álgido. Yo te haré una señal levantando mi báculo, como si os fuera a atacar, ¿de acuerdo? —Preguntó Kassandra. –Recuerda una cosa más, solo puedes usarlo una vez, luego, nunca más lo podrás usar.
—Vale. —Respondió Obscurus.

            Cogió la ballesta y la metió en su manto de oscuridad
— ¿Algo más?
—Si, cuando todo esto acabe, me gustaría volver a casa… contigo. —Respondió Kassandra.
—Ya, bueno, nos veremos mañana. —Dijo Obscurus.
—Buenas noches. —Se despidió Kassandra.

            Quedó otra vez envuelta en un haz de luz y desapareció. Obscurus se encontró fuera, a los pies de la atalaya, mirando al cielo. Se dirigió al interior para despertar a Kamuy, pero una mano lo detuvo: era Kassandra.
—Antes de que te vayas, Obscure, me gustaría mostrarte algo. —Le apremió a Obscurus.

            Kassandra le condujo detrás de la atalaya, donde no había ninguna abertura de vigilancia. Había un claro con un círculo de piedras de once metros de radio. En el centro del círculo había una fuente baja de piedra, con un cántaro plateado al lado para coger agua.
—Bien, ya estamos. —Dijo Kassandra. —Acércate a la fuente, por favor.

            Llegaron al lado de la fuente, algo más alta que la cintura de Obscurus.
—Voy a explicarte otra cosa, Obscure. —Comenta Kassandra —Ésta fuente es más eficaz que todas las piedras videntes juntas, incluso mas que la que guardas en tu manto de oscuridad, y en ella podrás ver cosas que fueron, cosas que son. —Dijo esto mientras ponía un poco de agua en la fuente con el cántaro. —Y… cosas que serán, o que pueden ser. Nunca se sabe a ciencia cierta lo que se puede ver en este espejo del tiempo, solo se pueden hacer vanas conjeturas, que casi nunca son ciertas. Puedes acercarte y mirar en él, pero te aconsejo que no toques el agua.

            Obscurus se acercó con cautela, y miró a la superficie del agua. Al principio sólo pudo ver su cara reflejada en el agua,  con las brillantes estrellas de fondo, pero luego todo oscureció. En el Espejo del tiempo pudo ver una gran fortaleza, ardiendo en llamas. Veía a los necrofoides montados en una especie de dragones que nunca había visto: unos sin escamas, y con la piel en carne viva, y había uno gigantesco, más grande que los otros, pero éste era de huesos.

Pudo ver a su jinete: una forma oscura, sujetando las riendas de tal tenebrosa montura, con la cabeza vedada bajo un casco plateado con una gran cresta hacia atrás y sombras en lugar de rostro. Portaba en sus manos una gran espada, y con ella señalaba a un punto lejano, allá, en el suelo. Allí se encontraban Kamuy, con los ojos rojos de furia, apuntando con su arco al caballero negro del dragón de huesos, también estaban Shorem, armado con su espada, Crystal, envuelta en luz azul, Krosa, disparando a los necrofoides, y Yamba en su lomo, atacando a distancia a una legión de necrofoides armados, Ramsés mantenía una cruenta batalla en las puertas de la fortaleza, impidiendo la entrada de los necrofoides invasores, a Kassandra lanzando rayos de luz con su orbe a los necrofoides; pero Obscurus no se vio entre ellos, y se extrañó. De repente, todo se llenó de fuego y llamas.
La fortaleza desapareció. Sus amigos también. Volvió la oscuridad a la vista de Obscurus. Volvieron el fuego y la llama, y vio un volcán entrando en erupción, junto a una alta torre, desde la que salía una inmensa nube de oscuridad. Al pie del volcán en erupción volvió a ver a sus amigos metidos en una batalla, al frente de una tropa de caballeros a caballo, ballesteros, lanceros… y un ejército de combatientes venidos del sur, del este, del continente helado... Vio a legiones de creyentes, fanáticos mirando con gesto amenazante al ejército de oscuridad que tenían delante, y multitud de runhelruns que habían llegado.
Como tiempo atrás, se volvió a luchar la misma alianza de hombres, bestias y aspid, contra el eterno rival, un rival que nunca descansa. Los necrofoides cayeron en tromba sobre los guerreros, liderados por el caballero oscuro del dragón de huesos, que miraba a nuestros héroes bajo su casco de oscuridad. Se lanzó entonces el caballero negro sobre los guerreros, y todos salieron espantados al embestirles con los cuernos del dragón. Se acercó a nuestros héroes, entre los cuales no estaba Obscurus. Una voz potente, salida de las sombras emanadas desde la torre,  ordenó al caballero acabar con ellos. El caballero oscuro se quedó quieto un momento, apuntándoles con su espada. Obscurus miró la cara del caballero. Tras las sombras vio un rostro que le resultó familiar. Una forma oscura salió de la torre, que era aún más grande que la torre. Se abalanzó contra nuestros amigos, queriendo destruirles.
De repente, un resplandor dorado cegó la vista, vio al caballero dar un paso al frente, transformar su espada en guadaña; ese caballero no era nadie más que la misma muerte en persona. Puso la guadaña con la hoja hacia delante, detrás de su espalda, preparado para dar su golpe final, se llenó de oscuridad y descargó un golpe al frente. Al momento todo se apagó: no había volcán, no había torre, ni figura oscura, ni rastro del caballero negro, solo oscuridad, y nada más.
Volvieron las llamas y el averno, y vio un frondoso bosque de altos y verdes árboles, y altas figuras de gentes con pelo rubio largo y orejas picudas subidas a las copas, con largos arcos de palisandro, y con ropajes verdes y azules; a lo lejos vio una ciudad que crecía en altura conforme seguía la forma de la montaña en la que se asentaba, una enorme ciudadela de altos muros blancos, como si fuese una fortaleza, se dividía en niveles, excavados en la colina y bordeados por un muro; en cada nivel, una entrada, en cada nivel, una puerta, del más poderoso acero, con figuras de reyes del pasado en jade, fue subiendo lentamente, observando las blancas calles de piedra y mármol, y al llegar al final de aquella ciudadela de veintidós niveles con una sola puerta en cada nivel, pero las puertas no se sucedían en una línea recta; la primera puerta se abría en el extremo occidental de la ciudad, la siguiente hacia el este, la tercera al sur y así sucesivamente, unas veces en un sentido y otras en otro, pero siempre ascendente.
Tres fríos espolones de roca dividían la ciudad, cinco altas torres acariciaban el cielo; en lo alto del último nivel había un jardín circular en el centro del patio exterior de un palacio blanco, del cual crecía la torre más alta, desde la que se veía alrededor un frondoso bosque, y al oeste humo negro. En medio del jardín había una fuente y un gigantesco fresno del color de las estrellas, resplandeciente bajo el sol.
Entró en el palacio, sostenido por altas columnas negras, paredes de mármol nacarado, pequeñas ventanas cuadradas daban paso a la luz, había enormes estatuas de mármol de caballeros con espadas, lanzas y cimitarras al cielo, todos ellos coronados y engalanados con túnicas y lórigas.
Fue avanzando, y llegó a un alto trono de mármol al final de la sala, bañado por el dorado resplandor del sol, alzado sobre tres escalones, en el que había dos esferas: una del tamaño de un puño, de color morado, brillando intensamente; la otra era del tamaño de una cabeza, de tono oscuro, emanando oscuridad, junto a ellas había una espada negra y una corona de pinchos de plata deslucida. Todo oscureció de nuevo, se llenó de fuego, y pudo oír una voz grave y oscura siseando: Xánatos… , Xánatos… , el caído saldrá de la oscuridad, volverá a la luz, la profecía se cumplirá, y el caído será liberado de su desgracia, y junto con la ayuda de Anuvis y la de Jouka, tras vencer al ser oscuro se liberará; pero seguirá cegado, corrompido por la oscuridad, y lo estará…siempre; la vuelta del caído a la luz supondrá el retorno del auténtico rey, el Señor de Avalon, pues el heredero del rey Valar, oculto tras largo tiempo, acabará con la oscuridad, y recuperará su trono. El rey recuperará su corona, con ayuda de Celebdil.
La voz se calló, y todo volvió a la normalidad. Obscurus miró a Kassandra a los ojos
– ¿Sabes lo que he visto? —Preguntó Obscurus a Kassandra.
–Si, yo también lo he visto. —Respondió ella.
– ¿Sabes quien puede ser… él, Kassandra?
–No, no lo sé. —Responde Kassandra. —No sé quienes pueden ser Xánatos y Anuvis; tal vez puede ser que ese caballero oscuro que has visto sea Xánatos, pero… el caído… y Anuvis… y Jouka… Celebdil, eso de no lo entiendo.
–Creo que será mejor que te vayas ya. —Dijo Obscurus.
–Sí, ya me voy. —Responde Kassandra. —Hasta mañana. Lo último que tengo que decirte es que te aguarda un incierto porvenir.
–Hasta mañana… —Dice Obscurus, pero Kassandra ya había desaparecido envuelta en luz violeta.

            Corhus graznó, alzó el vuelo y desapareció tras un estallido. Obscurus fue a entrar de nuevo en la atalaya, pero algo le llamó la atención. Había allí un libro flotando en el aire a la altura de la cara encima de la fuente, que despedía una débil luz doraba. Se acercó a ver cautelosamente, temiendo que si lo tocaba algo extraño ocurriese. Desde la cercanía leyó un título: “Nambaistar”. Era un voluminoso libro dorado, con el borde de las cubiertas de piel y cierres de plata.

            Dicho y hecho. Cuando estuvo a punto de alcanzarlo, ya prácticamente a punto de atraparlo, el libro estalló en mil pedazos, pero extrañamente no hubo casi sonido de detonación. Obscurus se cubrió con la capa. Se aproximó a donde hace un momento estuvo el libro, y encontró unos pergaminos. Ojeando un poco, Obscurus leyó lo siguiente en el pequeño pergamino:

            “El destino del mundo depende de la aparición del caído tras su peregrinar oculto. El heredero del rey Valar de Avalon, la ciudad sin rey, regida por un consejo tras la muerte de Valar en la batalla de los elementos tras encerrar a Drangstrumg, volverá para reclamar el trono de Avalon, hace tiempo perdido. Con la liberación del caído, el rey de Avalon recuperará su corona de diamante… Continuaban unos cuantos borrones, pero no se entendían. Luego seguía algo así como… “el Rey Caído y Señor del Anillo Celebdil. La identidad del caído le será mostrada al segundo que toque este pergamino, cuando el Rey Dorado y la Dama de Plata abran con su aura el sendero al fuego, en la casa de piedra. El Caído volverá a regir junto a La Dama Blanca, a su salida de las tinieblas. Cual ave Fénix el Caído Inmortal, rey del tiempo, resurgirá de sus cenizas, y volverá aquel que una vez fue Señor de la quinta esencia, para devolver el esplendor a un mundo oscuro tras la muerte de Valar. Si el caído nunca saliese de la oscuridad, llegará el prefacio de la era de la Sombra y la Muerte...

            Aquí se acaba el pergamino. Obscurus se quedó un rato dubitativo, intentando hallar sentido al pergamino. Fue a volver a entrar en la atalaya, pero algo le detuvo. El aullido del viento le preocupaba. Pero no era el viento el que aullaba. Vio como una forma fantasmal se le acercaba. Era el espectro de un gigantesco lobo, casi transparente, con brillantes ojos rojos que resaltaban en la noche cerrada, un extraño resplandor blanco perlado.
—Gyrtrash… —Dijo Obscurus con voz recia y fría. —Antepasado de shuck.

            El animal se acercó a Obscurus, se sentó sobre sus patas traseras y aulló a la luna. En esto, aparecen de la nada otras tres figuras, iguales a la anterior. Se fueron acercando, aproximando, ya estaban a menos de dos metros, y entonces sucedió. Fueron disolviéndose en el aire hasta desaparecer, dejando una ligera bruma.
—De acuerdo. —Comenzó Obscurus. —Nos volveremos a ver. Ten por seguro que nos encontraremos tarde o temprano.

            Luego subió, y mientras subía oyó a gyrtrash aullando. Subió y despertó a Kamuy.
—Kamuy, mira esto que he encontrado. —Dijo mostrándole el pergamino.

            Kamuy examinó detenidamente el papiro, luego le dio la vuelta tratando de encontrar algo oculto, pero no había nada.
— ¿Dónde lo has encontrado?
—Estaba por ahí, tirado.
— ¿Sabes lo que significa?
—No.
—Bueno, mañana veremos lo que hacemos con esto. —Dijo Kamuy.

            Se levantó y se puso a vigilar la atalaya. 
— ¿Sabes que gyrtrash se me ha aparecido hace poco?
— ¿No le viste por última vez en el cementerio de la aldea?
—Desde luego, pero ha vuelto.
— ¿Y?
—Nos volveremos a ver, eso te lo aseguro.

            Luego se sucedieron los turnos, sin ninguna novedad, salvo el reencuentro en la noche de Kamuy y Sarah. Algo pasaba en el grupo. Shorem, que seguía inconsciente, empeoró en la noche. En su mente pasaban imágenes, sin contexto alguno, de extraños lugares, tupidos bosques, áridos desiertos, tundras heladas. Cuando el mar pasó por su cabeza, su temperatura bajó. Se vio a él mismo, despertando de un sueño, con alguien a su lado que no conocía. Luego se vio en una especie de baile, él y sus compañeros, y algunos a los que no reconocía. Se vio bailando con una ninfa, que bailaba en el medio de una amplia sala de coral. De repente se oyó una melodía, acompañada de música: he aquí la canción entera, pero hoy ya nadie la recuerda:

Allende los rebaños, dispersos por los montes,
Que balan a la luz de la arbolada,
Fuera de las cavernas sociales,
En los secretos espacios de la mente
Se agitan los sueños del mar.
Para acariciar las mórbidas ondas
Todas las almas despliegan las alas,
Mientras cánticos de templos sumergidos
Resuenan en las tinieblas otoñales.
Son tintineos de campanillas espectrales,
Risas de ondinas,
Cascos de épicas galeras
Y dioses de cardenilla,
Que resbalan lentamente hacia el fondo
Donde se esconde la infancia del hombre.
Mitos evanescentes, vapores de temor,
Danzas de libertad,
Fiebres de riesgo.
Crean.
Nutren.
Acaricia
Al poeta del mar.

            Shorem y la ninfa se acercaban las caras, cada vez más cerca, casi se rozan, y de golpe todo acaba. Recupera la estabilidad, pero sigue inconsciente. Excepto esto, en la noche no ocurrió nada raro. Al llegar de nuevo el día, partieron sin demora, acompañados por un cielo despejado. Kamuy y Obscurus le preguntaron a los demás el significado de aquel pergamino, pero no hubo respuesta, pues  no le hallaban sentido lógico alguno. Le dijo Sarah a Kamuy que tal vez fuese una gracia de Obscurus hacia los demás, y Obscurus dijo que aquella no era su letra, y que no conocía algunos de los extraños caracteres impresos. Avanzaron hasta el mediodía, hasta alcanzar las  faldas de la formación montañosa. Allí estaba Kassandra, dominando desde un montículo la vista, con Corhus al hombro. Nada más verlos, los atrajo diciendo:
– ¡Pobres y desafortunados viajeros, nunca saldréis de aquí!

           
Miraron hacia arriba. La habían visto. Kamuy respondió rugiendo:
— ¡No estamos aquí para intercambiar falacias contigo, vil bruja, venimos a destruirte a ti, a tu criatura y a salir de éste bosque!
—Salid, sí podéis. —Dijo Kassandra.

            Levantó su orbe, pronunció un hechizo, una inmensa grieta se abrió en la pared de la montaña, y de allí salió, veloz como un rayo, la tarántula seguida de las otras. Se desplegaron rápidamente rodeándolos. La tarántula se quedó en la grieta, bloqueando esa “posible salida”. Una tras otra saltaron sobre ellos, pero caían rápidamente, partidas en dos. Pronto las arañas fueron diezmadas. La tarántula saltó de repente sobre ellos, pero la esquivaron. Crystal intentó lanzarle un embrujo, pero recibió un golpe que la dejó en el suelo. Krosa, tras dejar el cuerpo de Shorem bien protegido junto a Kamuy, saltó a por ella, le clavó tres flechas en el lomo y le rompió dos patas traseras con la espada, pero acabó pegado a la pared montañosa con la tela de la tarántula. Yamba intentó defender a Krosa, pero acabó igual. Kamuy, cogiendo su hacha y llenándose de fuego, dio un golpe a la cabeza de la araña, pero no sirvió de nada, y acabó igual que Krosa. Sarah salió a defenderle, pero quedó igual que él. Ramsés dio un sonoro puñetazo con fuego gris a la cabeza de la araña, que la hizo tambalearse, pero también acabó atrapado por la red.

Ya sólo quedaba Obscurus. Cogió su guadaña con ambas manos y causó profundos cortes y heridas a la araña, que se quedó estremeciéndose y gimiendo de dolor. Levantó la mano siniestra y lanzó contra la criatura su ataque de llamas azules venenosas, y el cuerpo de la criatura cambió de pardo oscuro a rojo, luego a amarillo, después a púrpura, azul y finalmente a gris ceniza, mientras aquel fétido animal se retorcía de dolor. Luego pronunció su hechizo:
Mosagog.

            Creó una bola de luz verdosa que lanzó al costado de la araña, que la descarnó parcialmente. Obscurus aprovechó esta ocasión para intentar soltar a los que habían sido encadenados a la pared por la araña, pero tuvo que desistir; la araña se había subido a la pared sin que nadie se diera cuenta y trató de clavarle su venenoso aguijón a Obscurus, pero éste le esquivó, y se alejó y se subió a un montículo y viró su vista hacia tarántula. Vio como Kassandra levantaba el bastón, mostrándole la señal de ataque. La tarántula, enfurecida, se dirigió en tromba hacia Obscurus, pero éste sacó de su manto de oscuridad la ballesta de Kassandra, apuntó entre los ojos a la tarántula, una oscuridad intensa comenzó a rodearlo, envolverlo, una oscuridad que congeló y mató la vegetación de la ladera, todo se oscureció, Obscurus se elevó en el aire, y disparó.

            Más de cien dardos envenenados atravesaron la cara de la tarántula. Con un grito de dolor, esta paró en seco su avance, se tambaleó, cayó por la ladera rodando y murió antes de tocar el fondo del abismo. Habían subido la montaña sin darse cuenta, cuan larga había sido la lucha. Kassandra bajó, y soltó a los que habían caído ante la red de la araña.
—Podéis salir de aquí. —Les dijo Kassandra a cada uno. —Os indicaré el camino de salida. Corhus picoteó la tela hasta soltar a Kamuy.
— ¿Cómo podemos confiar en ti? —Preguntó Kamuy enfadado.
—Habéis cumplido vuestro objetivo, ya habéis acabado con la criatura, mi misión ha fracasado, y terminado. —Dijo esto bajándose la capucha que le cubría el rostro y mostró su cara a Kamuy. Éste la reconoció al instante.
— ¡Kassandra! ¡Tú eras el guardián! ¿Por qué? —Preguntó Kamuy intrigado.
—Obscure te lo puede decir con pelos y señales. —Le respondió Kassandra. —Lo sabe desde el primer día en que entrasteis aquí. Cuando se lo dije, se quedó igual de impresionado que tú. Pero si quieres, te lo cuento ahora.

            Volvió Obscurus al poco bajando el montículo. Llegó hasta la altura de Kassandra.
—Bueno, creo que ya lo sabéis ¿no? Ella os lo habrá contado. —Dijo Obscurus a sus amigos.
—Si. —Dijeron todos. —Sólo nos falta saber cómo salir de aquí. —Aclaró Sarah.
—Eso es fácil. —Dijo Kassandra. —Seguidme, y procurad no perderos.

            Condujo a sus amigos al interior de la gruta abierta por la tarántula. Los dirigió por sinuosos corredores iluminados por antorchas de llamas negras que iluminaban con luz azulada hasta una obertura. Desde allí se podía ver a lo lejos el castillo del rey Hidros en Piscis.
—Desde aquí podréis llegar en no menos de tres horas a vuelo de dragón al mar de Piscis. —Dijo Kassandra.
—Bien, adiós. —Se despidieron todos de Kassandra.
—Antes de iros, tengo un favor que pediros. —Dijo Kassandra.
— ¿Cuál? —Preguntaron todos menos Obscurus, pues sabía que se trataba.
—Me gustaría acompañaros en vuestra misión. —Les dijo Kassandra.
— ¿Qué sabes de nuestra misión? —La cortó Crystal.
—Todo… y podría ser de gran ayuda si aceptáis que os siga. —Respondió Kassandra.

            Se quedaron un momento pensando, menos Obscurus, que se acercó a ella y dijo estar de acuerdo con la propuesta de Kassandra.
—Vale, Obscurus, viene con nosotros. —Dijo Kamuy con una sonrisa.
—Yo también quiero seguir con vosotros —Dice de repente Sarah.

            Todos volvieron la mirada a ella.
—Dijiste que acabado el problema del bosque te irías. —Dijo Kamuy enrojecido.
—He cambiado de idea, y como Kassandra, quiero ayudaros. —Concluyó Sarah.
—De acuerdo, sigues con nosotros. —Dijo Kamuy —Pero no te acostumbres a seguirme.

            Todos miraron a Kamuy.
—Vale, no he dicho nada. —dijo Kamuy sonrojándose.
—Bien, partamos. —Dijo Ramsés.

            Se volvió a transformar en dragón, se volvieron a subir a él y salieron en dirección a Piscis. Extrañamente, Obscurus no se subió al lomo de Ramsés, sino que el también se transformó en dragón, en un gigantesco dragón negro, más grande que Ramsés, con alas de murciélago, cuernos broncíneos, con una coraza de plasma que le cubría el estómago y el cuello,  con una cresta alta y puntas agudas a lo largo del lomo hasta la punta de la cola, que estaba llena de pinchos afilados. Sobre su cuello iba Kassandra.
— ¿Cómo has hecho eso? —Preguntaron asombrados Crystal y Kamuy.
—Ha pasado algo más que Obscurus y yo nos reencontrásemos después de tantos años separados, y le he enseñado algo de magia negra que no sabía.    —Engañó Kassandra a los demás, pues no quería decirles el secreto de que gracias a sus grimorums aprendió el hechizo del transformismo

            Sin perder más tiempo, salieron en dirección al mar de Piscis, sin saber qué nuevas aventuras se encontrarían, y mientras volaban por el cielo nocturno, Kassandra cogió al cuervo entre sus manos y dándole un beso en la cabeza, lo dejó partir por el cielo. El cuervo volaba en dirección al norte, hacia Verom.

            En el volcán de Verom, de la cámara de Anser salió un grito espeluznante acompañado de una inmensa llamarada.
— ¿Qué deseáis, mi señor? —Dice Xang ante Drangstrumg.

            De la cámara salieron en medio de las llamas unos látigos en llamas en dirección a Xang. Lo cogieron por la espalda y le llevaron a las rejas de la puerta.
—Hay una gran perturbación en la oscuridad, una sensación de inmenso poder —Le dijo Drangstrumg a Xang.
—Lo he notado hace poco. —Responde Xang.
—Veo que tenemos un nuevo enemigo: ese joven portador del elemento del Aire. No me cabe la menor duda de que éste muchacho, Señor del Aire, sea el mismísimo heredero del rey Valar —Dice Drangstrumg.
— ¿Cómo es posible? El linaje se interrumpió, y sus descendientes fueron aniquilados. Además, él no lo sería, ya que fue el segundo en nacer. —Responde Xang.
—Explora la fuerza que emerge de la profunda oscuridad, Xang, y verás que es verdad. Es él, no me cabe la menor duda. Él fue marcado, y no su hermano. Tiene la marca de Valar en el brazo. Su hermano fue rechazado porque en su interior brilla el poder del Fuego, y Valar es el símbolo del elemento del Aire. Podría acabar con mis planes, y arruinarlo todo.           —Decía Drangstrumg.
—Es solo un vulgar niño, y mi primo Xing no le será de gran ayuda desde ahora.         —Contesta Xang.
—Inmenso poder hay en él, lo noto. El heredero de Valar no debe recobrar el trono y destruirme —Dijo Drangstrumg.
—Si se le pudiera atraer, amo Drangstrumg, se convertiría en un nuestro mas poderoso aliado, y nosotros controlaríamos el poder que él maneja.   —Contesta Xang.
—Sí, eso sería muy valioso, y una gran ventaja para nosotros. ¿Puedes atraerlo y oscurecerle el corazón? —Preguntó Drangstrumg.
—Él se unirá a nosotros o le aseguro morirá, mi señor. —Contestaba Xang.
           
            Los látigos se aflojaron y le soltaron. En esto, apareció un necrofoide por la puerta, se dirigió a Xang y le dijo.
–Mi señor, nos informan que Skálev, el montaraz, guía a nuestra segunda horda tras la presa y dentro de poco caerán sobre ellos.
—Bien. —C   ontestaba Xang. —Si se diera el hipotético caso de que esos chiquillos burlasen a nuestra segunda horda, aún les tengo guardadas otras sorpresas más. Fue buena idea contratar a ese montaraz para que siguiera a mi primo. —Se rió con todas sus fuerzas. —Que se acerquen algunos necrofoides a Golgomath, y decidles a las criaturas de allí que el señor oscuro ha regresado. Mirad en el pantano Shagorod, buscad a los daimons, y tráelos. Necesitamos reunir a un gran ejército para atacarles cuando pasen por Tánatos. Reservemos a los hungreas de las montañas Negras y a los fomorians del Droogog para cuando lleguen aquí, si llegan. No obstante, tendréis que avisadles también. Cuantos más, mejor. Convocad también a los kobalts jinetes de narmoroks del Droogog, que estarán ansiosos de volver a luchar por Drangstrumg. No sé si los goyles de las Cegadas siguen vivos, pero no estaría de más aumentar mi ejército con ellos. Habrá que arreglárselas para que los rámarols de Gorgoroth vuelvan, casi acaban con ellos en la anterior batalla de los elementos. No sé si se negarán, pero si lo hacen, convencedles de la mejor forma posible de que negarse a batallar por Drangstrumg es equiparable a la muerte. Para cuando pasen por el desierto del Tánatos, hay que tener sobre aviso a los jinetes de fhanrirs, para prendedles en una emboscada. Tal vez les atrapemos allí. Nuestra estratagema debe estar encubierta; sería peligroso que adivinasen nuestros nuevos propósitos. Hemos de recuperar al ejército de la oscuridad que mi amo logró formar hace tiempo. Bien, esto de momento, luego, ya veremos. Esos “portadores” no saben la que les espera.

            Acto seguido Xang salió raudo, subió una escalera sinuosa y llegó a lo más alto de la torre, en la sala en la que había un gigantesco cuerno de piedra que iba desde esa habitación a la base de la torre. Xang lo sopló, y un ruido seco y grave retumbó por todo Gracá y por Golgomath, y las criaturas oscuras del mundo sintieron la llamada de Drangstrumg, y se pusieron en camino hacia Verom, cuidando de no mostrarse bajo la luz del sol. Los cuernos del mal han restallado en la hora prevista.

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